así habla el Profeta III

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a mi amiga Beni

camina por el desierto durante cuarenta días y noches el muchacho que vino de las estrellas, cayado en mano, siguiendo la estela marcada por la estrella de Pan

en la lejanía unas sombras se acercan corriendo hacia él cuando con su últimas fuerzas cae sobre la arena abrasada
-¡el profeta… el profeta ha vuelto!

gritan un puñado de pastores a la entrada del pueblo
-se está muriendo tirado en el desierto, necesita ayuda, llamen a la ambulancia

el profeta, el profeta
resuena en sus oídos entre destellos de luces rojas de peligro y el silbido de la sirena de la ayuda que  llega

 

-hola…, ¿puedes escucharme?, ¿me entiendes?

-sí

-¿sabes quién eres?

-sí

-¿quién?

-el profeta… el profeta ha vuelto, decían las sombras, supongo que ese es mi nombre

-¿recuerdas algo más?

-no
responde el muchacho recostado sobre la cama de una sencilla habitación de hospital, su cuerpo envuelto en vendas sus ojos cubiertos por dos apósitos, un tubo de suero conectado a su brazo

-¿dónde estoy?
pregunta el muchacho tranquilo, vuelve el rostro recogiendo algunos rayos esquivos que entran a través de una ventana

-estás en proyecto Belén, una pequeña comunidad bajo la protección de Naciones Unidas, donde conviven personas de diferentes culturas y religiones de manera pacífica con la intención de mostrar al mundo que es posible vivir todos juntos desde la concordia y el respeto. Este es un hospital pequeño, no tenemos medios para curar a heridos graves, estoy preparando los trámites para trasladarte a otro lugar donde puedas ser mejor atendido…

-estoy bien aquí, no es necesario…
palpa con dificultar en su pecho

-no te preocupes, no es que trajeras muchas cosas, hemos lavado tu camiseta y el cayado están ahí sobre una silla, no traías nada más, te daremos algo de ropa y unas deportivas para que no andes descalzo… pero ahora deberías descansar has estado inconsciente una semana y estás muy débil, has tenido mucha suerte, estás vivo de milagro, podría decirse que has vuelto a nacer

-la suerte no existe
responde el muchacho su sonrisa ilumina la habitación
-escucho el murmullo de ángeles, ¿he vuelto al cielo?

-son un grupo de niños, están jugando al fútbol ahí fuera, si prefieres cierro la ventana

-no, está bien así, me gusta escucharlos. ¿qué es jugar?, ¿qué es fútbol?

-demasiadas preguntas ya tendrás tiempo de ir recuperando los recuerdos, ahora descansa

el niño extiende la mano, otra cálida la recoge con delicadeza
-una más…

-dime

-quién eres

sonríe su acompañante
-disculpa mi descortesía, no haberme presentado antes, me llaman doctora  pero casi todos me dicen mamá o mami, puedes llamarme como prefieras. soy la única doctora de este centro, me encargo de la salud de todos los que viven aquí, de las personas y también de los animales por eso me conocen por esos nombres

lentamente el niño va soltando su mano mientras el sueño se apodera de él
-que bien suena Mamá…

marcha la doctora y antes de cerrar la puerta de la habitación se vuelve para mirarle atentamente mientras el muchacho duerme y susurra entre dientes
-¿quién eres pequeño?, ¿de dónde vienes? conocí al profeta tenía más de cien años y no creo que seas él, pero mientras cogí tu mano tuve la sensación de conocerte de siempre, ahora descansa en paz, ya habrá tiempo de descubrirlo…

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