XIII Cuentacuentos y la rastreadora

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a Mercedes

llegan al valle a la caída la tarde sin salirse de la vereda, enfilando hacia la granja, se siente observado entre la espesura del bosque, analizado hasta en el último detalle, pero el muchacho no siente miedo ni molestia, más bien le agrada sentirse contemplado

-detente humano, alertarás al perro baboso y despertará a toda la granja, a los amos inclusive y ya tenemos la fiesta montada, vayamos mejor a un claro en el bosque para que nos alumbre la sombra de Luna nueva de otoño que borra las sombras
Gata mimosa se enreda entre sus piernas Hada molesta y celosa se lanza molesta contra la recién llegada mirándola de frente
-mira la mosquita muerta, nos salió brava
lanza ágil su garra con intención de atraparla, Hada la esquiva en un requiebro, con sutileza y una sonrisa la besa en el hocico, Gata estornuda y se retuerce molesta con malas intenciones

Cuentacuentos lanza una mano atrapando desprevenida a Hada
-Vamos queridas dejénse de discusiones vanas que hemos venido con razones serias esto no es ningún juego

enfila Gata presumida un carril y se pierde entre las sombras
-seguid este sendero sin salios ni un palmo, tengo colocadas algunas trampas podría ser peligroso o desagradable

-descuide mi dama ni se me hubiera ocurrido
sonríe el muchacho

Gata se pierde

-un poco neurótica sí que es, no puedes negármelo…
le recrimina molesta Hada

-no, si tú también tienes tu punto
sonríe Cuentacuentos

protegido por árboles ancestrales un claro de Luna, en el centro un dolmen se eleva dedo alumbrando a la madre oscura
Gata le avisa con sutileza
-ven recuestate aquí junto a la hierba como si estuvieras durmiendo tranquilamente, yo estaré escondida a la sombra la piedra seguro sospecharían si nos ven juntos

el joven sigue al detalle sin cuestionar órdenes, recostado sobre la hierba larga seca de los calores del verano que todavía se resiste plácido a marcharse se retrasaron las deseadas lluvias
seca la tierra

-dime qué quieres muchacho, date prisa, no estoy para memeces

-andamos buscando un lobo

-en las montañas todavía quedan algunos los cazadores los andan masacrando no necesitas mis servicios

-tengo recuerdos del pasado, pero mi memoria los ha borrado, y ahora no puedo seguirle anda desbocado

-qué sabrás tú niño mimado de Sol, sé a quien buscas y no es fácil encontrarlo tiene puesto precio su cabeza y es bien alto, le buscan poderosos enemigos del infierno… anda niño vete a jugar con la mosquita y déjame tranquila, no estás preparado

-te daré lo que me pidas
aprieta Cuentacuentos a Hada la extiende entre su mano

Gata sonríe Hada protesta entre aspavientos dando golpes al viento con sus pequeñas manos
-ni te atrevas

-no la quiero
la regala con un guiño a Hada
-prefiero resuelvas un problema de amores que tengo
se enreda entre los brazos del muchacho tumbado recostado mira al cielo admirando el contorno oscuro de Luna

-está bien muchacho guapo entraré en los portales de la umbra y haré algunas averiguaciones y aunque sea nada lo que descubra solventará mis dudas, ¿hay trato?

-hay trato

se esfuma Gata entre la bruma portales que Luna oculta para que ninguno de sus hijos se pierdan
Cuentacuentos y Hada quedan tranquilos sobre un cielo oscuro iluminado en vía de incontables estrellas

-¿me dejas que te hable como amigo Hada?

-dime Cuentacuentos…

-pienso que estas preparada para ser una Reina y que podrías crear tu propia colmena sabes bien todo lo necesario

-Oh Cuentacuentos me alegra que pienses eso me siento alagada
sonríe Hada mientras se acurruca entre su pecho para esconder una lágrima
-antes de cruzar el puente que llega a los mundos humanos, así me dijo la Reina madre: “ya estás preparada para montar tu propia colonia en algún mundo desconocido, en algún momento al otro lado tendrás un primer pensamiento y será primero en tu reinado, aférrate a ese pensamiento y no desistas hasta alcanzarlo ahí sera el sitio para empezar de cero…”

-y que tiene que ver ese Lobo con todo esto no lo entiendo…
la busca Cuentacuentos confundido

– cuándo llegué a este mundo fue él con el primer ser que hablé, él fue generoso y amable conmigo y me habló con sabias palabras, él me llevará al lugar que ando buscando en algún mundo. ese es mi primer y mi único pensamiento compartido de momento conmigo misma al que me aferro, su rastro me abrirá el camino al sitio correcto, lo tengo claro

Meditan en silencio ambos amigos contando estrellas, perdidos en sus pensamientos

regresa Gata
-los hechiceros ancestros te recibirán al otro lado de la sombra pero ándate con ojo, están resentido contigo, dicen que por tus venas huele la sangre de los conquistadores que arrasaron nuestros mundos. Tendrás que convencerlos a ellos y lo veo difícil
tú mismo
el joven da un brinco motivado por la sed de aventura por conocer mundos nuevos Hada le sigue emocionada

-otra cosa…
erizada la gata, sacudiéndose el polvo de mundos inferiores
-tendrás que ir solo, ni la mosquita ni yo podemos acompañarte al universo de los fantasmas voraces, es muy peligroso, por ahí merodean demonios y otros seres malignos que no quiero nombrarlos, serás un pequeño ratón en una jaula de gatos hambrientos
sonríe Gata a carcajadas

-no
grita Hada aferrada al cabello del muchacho

-no se discute con los guardianes de las puertas, podrían engañarte y guiarte hacia universos inferiores, ándate con ojo niño bonito que esto no son juegos de hadas, y tú no puedes acompañarle, tu luz alumbraría tan fuerte entre tanta oscuridad y Kaos que atraerías a todo ser no viviente que merodean esos mundos, no puedes ir ni por asomo

-está bien iré solo
se lanza buscando la sombra de la umbra, Hada le detiene aferrándose entre sus dedos
Cuentacuentos se detiene abre la mano, ella se sienta balbuceante

-déjame al menos despedirme no seas mal educado Cuentacuentos me duele cuando me tratas con tan poca deferencia
sonríe Hada mirándole a los ojos mientras va transformarse en diamante sin luz ni reflejo alguno hielo de cristal oscuro, y una luz lágrima brillante sale de su cuerpo y busca el rostro maravillado del muchacho
-llévalo siempre contigo y si alguna vez me necesitas o piensas que ha llegado el momento, solo piensa en mí con fuerza y llámame seré estrella fugaz que atreviese universos para ir en tu búsqueda, no quiero que tú también te me pierdas
sonríe Hada

-recuerda que tienes que volver algún día a resolver mi duda y como tardes iré a buscarte donde haga falta para cobrarme mi deuda
maulla Gata

aprieta el muchacho el diamante en la mano y salta al otro lado

quedando las dos damas solas, una gata negra y una lágrima de luz, clarea la mañana
-qué harás mientras te avisa Hada

-buscaré alguna casa de Mago, siempre son lugares interesantes y siempre hay alguna enseñanza nueva, ¿conoces alguna?

-hay una siguiendo el cauce del río, si quieres te acompaño son buenos amigos…

-sí ¿me llevarías?
espolvorea Hada la frente a Gata estornuda y relame la pata

-venga vamos…

 

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XII Cuentacuentos y Hada tras el rastro de Lobo

relato corto de Alejandro Montero
a los amigos que me ayudaron en los caminos

allá en los montes astures siguiendo el camino primitivo que lleva la ciudad Santa subo a duras penas alta montaña
una pierna amarrada a la bota encubierta de vendas sutura por el talón pus y sangre profunda herida infectada
unos pastores charlan con un leñador en un bancal de verdes pastos validos de cabras ladran los perros a mi encuentro
no me paro ni cambio palabra solo regalo un gesto a modo de saludo de despedida

-anda roto
dice un pastor mirándome de frente a la cara bajando la mirada al cruzarla con la del viejo lobo solitario

-pero no se detiene
puntualiza leñador orgulloso

así camino con gran esfuerzo hasta la cima
de la diosa madre entre las entrañas la montaña helada agua bendecida fuente de piedra tallada por antiguos peregrinos
lavo desnudo cuerpo castigado, con un manojo de hierba fresca limpio la herida vida sobre lo enfermo

y con Sol del mediodía que besa mis mejillas, admiro embelesado fértiles valles, y altas montañas que he de cruzar para llegar a la ciudad Santa…
se eleva el templo de cristales de colores iluminando el cielo a hombres y mujeres santos que han de ascender a nuevos mundos y allí he de descansar algún tiempo para que los que fueron pur@s e iluminad@s entre inciensos bendigan mis pasos

y tras ellos he de seguir a padre Sol hasta el ocaso de los tiempos acompañándolo hasta su último aliento antes de sumergirse un día más en las profundidades, y contemplar como marchan hombres y mujeres que fueron sant@s y sabi@s cruzando punte dorado para unirse con él destellan luces a sus pasos ell@s coronaran de estrellas el firmamento
en su presencia para que sanen mis heridas he de lavar mi espíritu y mi cuerpo en las aguas del océano

solo aasí estaré preparado para subir a la Montaña Mágica y poder contemplar a los seres invisibles a los ojos humanos
aquellos que son sin cuerpo y son únicamente pensamiento ellos se sumergirán en la corriente para conectarse a la Inteligencia ordenadora

-de qué hablas Cuentacuentos
despierta Hada al muchacho de entre ensoñaciones
-de verdad que a veces pienso que estás un poco ido de la cabeza y cuando te pones a hablar así solo de estas cosas sin sentido me pones de los nervios

-qué tú no lo entiendas no quiere decir que sea incierto o no tenga su lógica te explico…
se incorpora el muchacho señalando hacia el valle y las montañas
-la última vez que vi a Lobo fue una experiencia desgarradora, brutal, mi mente se bloqueó en ese viaje recuerdos de vidas pasadas y los borró hace tiempo de inmediato de mi memoria así perdí su rastro, ahora intento seguir sus pasos por estas montañas para encontrarlo de nuevo

-y ¿por esos sitios tan raros de los que me hablas hemos de pasar? pues la llevamos clara contigo mira que vas lento y siempre atolondrado te pierdes más que aciertas así no lo encontraremos nunca, me tendrás dando bandazos…
se revuelve molesta Hada

-¡ay! deja de quejarte tanto y te contaré una idea mejor

-sí…
espolvorea Hada la frente del muchacho con los polvos de sus alas
busca Cuentacuentos la última mirada del Lobo desde una atalaya olfatea el frescor de las nubes bajas buscando un rastro felino

-allí en un pequeño poblado hay una rastreadora de espíritus… podría guiarnos

en un caserío una negra gata se retuerce entre una alpaca de paja acechando a los ratones, alertada de que la observan busca en la distancia al muchacho que lo acecha cruce de miradas
el muchacho calla de repente concentra su pensamiento

-qué pasa Cuentacuentos me tienes intrigada
se revuelve Hada curiosa ante tanto silencio

-nada, está bien nos aguarda accede a escucharnos pero dice que siempre se cobra un precio por sus servicios

Hada queda sorprendida ante hecho tan insólito
-no sabía que los humanos pudierais hacer…

-vamos niña no te detengas que no quiero llegar tarde
apresura el paso Cuentacuentos recuperado de las heridas camino del valle

Hada le sigue revoloteando entre las amapolas

baja el lobo la montaña

si quieres conocer mejor a Cuentacuentos

XI Cuentacuentos y el sabio Liu

relato corto de Alejandro Montero

-¿Dónde estamos Cuentacuentos?
Avisa Hada suspendidos en ninguna parte

-No sé a veces me pasa, me quedo colgado si estoy cansado y confuso u ofuscado enfoco mal el destino me pierdo y me quedo atrapado en el vacío
responde el muchacho su cuerpo rendido su mente perdida en ninguna parte

-¿Y cuándo saldremos? empiezo a sentirme angustiada
revolotea Hada sobre el muchacho aturdido disperso en el todo de la nada

-depende…

-¿de qué?
empieza a angustiarse la pequeña al ver en tal mal estado a su amigo acaso farfullando sin sentido

-de que me recupere y encuentre de nuevo un camino que nos lleve alguna parte, pero ahora estoy muy confundido me hundo en los pensamientos

-ah! no, no puedes dejarme aquí vamos despierta Cuentacuentos
empieza a gritar y a golpearle en el rostro tratando de despertarlo, ofuscando más al muchacho

regresa Cuentacuentos en una sonora sonrisa
-Pero siempre recuerdo un camino para estos casos que me lleva a casa de un buen amigo y maestro el siempre tiene una palabra amable algún humilde consejo. Ven Hada te presentaré a Liu

bucea Cuentacuentos entre la tormenta que golpea sus pensamientos Hada vuela agarrada a sus pelos juntos llegan al jardín del sabio Liu

Esplendoroso vergel de vida exuberante brota inagotable entre el bosque de bambú, en el centro un estaque de nenúfares y papiros de ranas saltarinas y culebras de sabiduría; levitando a la orilla el sabio Liu, se estiran las flores para besarle, de sus manos de su boca de sus ojos liban moscas y mariposas, abejas y avispas, revolotean sobre él aves de hermoso plumaje, de hadas que juegan a su alrededor alumbrando su frente, y de muchos otros seres que no vieron ojos humanos, pétalos de luz acaricían su cuerpo transcendido en el pálpito de cada vida que late en aquel oasis

Cuentacuentos cae rendido agotado, cansado de sí, apenas se apega a la vida acariciando la hierba húmeda y fresca que enjuaga su rostro contraído
Hada maravillada se lanza descontrolada para libar del manjar de la fuente de la sabiduría que emana del sabio derramándose por el bosque, relame la recién llegada el néctar entre las manos del anfitrión con suma delicadeza

-mira Cuentacuentos, mi espíritu está en calma, mi mente despejada, mi cuerpo sano, el jardín y cuánto aquí habita florece conmigo y yo en él, somos la misma vida compartida en equilibrio y armonía
Tu dolor, tu angustia y tu miedo son ahora también el nuestro, si dejáramos que nos absorbiera todo cuanto ves languidecería contigo llevándonos al hastío inagotable… pero no lo vamos a permitir
Sonríe el maestro

-Ven pequeño, y acurrúcame entre tus brazos y armonízate conmigo seamos uno en todo

se deja hacer el sabio y de cuánto a su roce vida hay en un niño pequeño para caer en los brazos de Cuentacuentos

El muchacho recien llegado se relaja sentado junto al estanque de nenúfares y de papiros saltan las ranas en el estanque chapotean en el agua peces de colores acarician sus pies descalzos culebras de sabiduría
canta Cuentacuentos una nana acompañado de coro de pájaros al niño dormido entre sus brazos
Hada peina los rizos del niño sabio

el pescador de perlas

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a la Perla negra

Vivía el pescador de perlas en una humilde pero confortable cabaña en una pequeña isla de la exótica Ceilán allende los mares
su única compañía era una urraca azul que cada mañana insuflando de valor su espíritu le repetía cuando marchaba a pescar
-Buena suerte amigo mío hoy encontrarás la perla negra

-Buena suerte amigo mío hoy encontrarás la perla negra
bromeaban otros pescadores antes de que se lanzara al mar con su viejo cayuco, todos saben que nunca encontró siquiera una perla en tantos años que anduvo buscando por tantos mares

Pero no se alteraba, nadie conocía mejor que el los mejores lugares y bajo que conchas se ocultaban las más hermosas joyas de nácar y aún así ninguna sacaba, solo se alejaba de los demás pescadores y se zambullía durante largos minutos, saliendo en contadas ocasiones para tomar una bocanada de aire de vez en cuando antes de sumergirse raudo, sus ojos eran de peces podía escudriñar cada pequeña grieta donde una nueva ostra guardara tan hermoso tesoro que andaba buscando sin éxito durante años
Pero esa mañana tuvo un buen presentimiento, éste era el día indicado parecía tenerlo claro, así que se decidió probar mar a dentro, detrás de la barrera de arrecifes, por donde pululan los peligrosos tiburones, devoradores de hombres

Pero había estudiado bien el terreno, encontrando una salida segura entre el arrecife hacia mar abierto, desde hacía tiempo inspeccionaba una pequeña roca que salía desafiante a la bravura de las olas
-allá han de criarse las mejores ostras seguro en alguna estará la perla que tanto busco
Se dijo dándose ánimos y sin dudarlo un instante lanzó su cayuco en busca de tan hermoso tesoro
en las prisas despertaron agitados los moradores que habitan en las profundidades
-nada ni nadie me va a detener, he de conseguirlo
se repetía seguro

alcanzó la roca ató su cayuco y se sumergió hacia las profundidades dejándose llevar por su olfato, muchas eran las ostras y muchas y hermosas perlas que escondían en sus regazos, él las observaba sin molestar a sus protectoras, más ninguna la que buscaba mientras más hondo se adentraba…
allá en lo más profundo sobre la arena blanca una perla negra, su perla, la que tanto había buscado solo un esfuerzo más y casi sin aire pudo alcanzarla para regresar a la superficie, esquivando a los depredadores que trataban de devorarlo
Montó en su pequeña barca y puso dirección al refugio del arrecife en busca de la playa cuando ya caía el sol en el horizonte, llegando precipitada la noche
En su mano apretaba con fuerza tesoro tan extraordinario, su corazón latía acelerado, su cuerpo se estremecía de la emoción y su mente se perdía en especulaciones
“No la venderé, ni la enseñaré a nadie, la guardaré para contemplarla únicamente yo de vez en cuando, tengo que tener cuidado no la roben los piratas y merodeadores, y de esa urraca parlanchina tendré que librarme vaya a arrebatármela en algún descuido y la pierda en alguna parte…”
Poco a poco el corazón del pescador fue cubriéndose de tormentas y tan absorto estaba en sus elucubraciones que poderoso demonio emergió de las oscuridades golpeando con fuerza la frágil barca, pillando desprevenido al confundido amante que apenas pudo reaccionar para mantener el equilibrio y no verse arrastrado a las profundidades
Pero la Perla escapó de entre sus dedos cayendo al mar teñido de noche, el pescador solo pudo ver un último destello mientras se hundía lentamente, demasiado tarde para intentar recuperarla, la había perdido irremediablemente

Exhausto y abatido tomo dirección a la orilla para buscar descanso y retomar fuerzas al refugio de su hogar, desconsolado cayó rendido
A la mañana siguiente con los primeros rayos de Sol, el pescador levantó para comenzar una nueva jornada y mientras marchaba la urraca se despedía
-Buena suerte amigo mío hoy encontrarás la perla negra

Pero mientras observaba la inmensidad del océano se dio cuenta de que no, ya no la encontraría, las corrientes la habían arrastrado mar adentro, quizás en algún otro lugar algún otro pescador intrépido pudiera encontrarla, pero para él era demasiado tarde
Se echó a la mar y al amparo del arrecife tomó un puñado de perlas de distintos tamaños envolviéndolas en un pañuelo, regreso temprano, recogió algunas cosas de su choza y con el espíritu henchido por la alegría de haber podido compartir si quiera por un día su perla, echó a andar tierra adentro ya nunca la olvidaría

La urraca voló a su hombro
-Vamos amigo ha llegado el momento de marchar, el mundo está lleno de maravillas por visitar

pescadores de perlas Bizet 1863
interpretada por Plácido Domingo

X atrapada en el laberinto: la Hermandad

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a las luchadoras

Otea el horizonte desde lo alto de la montaña la muchacha bella, todo le parece conocido,  familiar, el cielo azul claro casi blanco, los olivos y pinos que descienden salpicando de verde la falda de sus laderas. El aroma a jara, tomillo y romero, perfume de flores del campo
Asombrada observa la bahía desde la que un día hace mucho tiempo embarcó camino del laberinto. Apresura su paso dirección de la ciudad que la vio nacer en otra época. Pero todo es diferente, las casas de piedra y paja transformadas en inmensos bloques de hormigón y cristal los caminos de adoquines en carreteras de asfalto, los carros circulan solos sin caballos ni bueyes y las personas que deambulan por las calles ensimismadas absorbidas en extraños aparatos que manejan en sus manos sin apenas prestar atención a nada más

La muchacha bella se siente contrariada en aquel lugar, por un lado contenta de haber regresado a donde todo empezó y por otro angustiada porque a la vez ha cambiado tanto que ni siquiera es capaz de comprender cómo pudo pasar, sin saber dónde está
Busca en el centro de aquella gran ciudad un parque arropado de altos árboles, y se deja llevar por las risas y voces de mujeres no muy lejos de allí, en un descampado sobre la hierba un grupo de jóvenes juegan desenfadadas algunas, otras enzarzadas en acalorados debates y otras en combates de artes marciales, todas junto a la estatua en piedra de una guerrera en su mano una caña y en la otra un libro de papel

La muchacha bella exclama contrariada al verse reflejada en aquella estatua delatando su presencia
Las jóvenes dejan sus actividades y la miran asombradas, se acercan a ella admiradas, rodeándola mientras la recién llegada busca de frente a la estatua

-Eres tan parecida… que parece increíble
Exclama una, tratándola de tocar

-¿quién es?
Pregunta ella sin dejarla de mirar

-La última guerrera que enviaron en la época clásica al laberinto del Minotauro
Responde otra casi sin dar crédito

-Hace unos tres mil años
Continúa otra

-La encontraron no hace mucho en el lago al otro lado de las montañas, una gran sequía la dejó al descubierto, la restauraron y la colocaron aquí, es el símbolo e inspiración de nuestra hermandad, de nuestra lucha y dedicación

-¿Hermandad?
Pregunta ella cada vez más absorta y contrariada

– Sí
responde otra con aire altivo
-Somos la hermandad de la guerrera del laberinto, muchas tardes venimos aquí planificamos nuestras próximas acciones, nos organizamos para acudir a manifestaciones para protestar por la violencia que algunos hombres ejercen sobre nosotras, también aprendemos a defendernos o simplemente venimos a pasar un buen rato

-Todas somos hermanas de la misma madre, la guerrera del laberinto
Grita una alzando el brazo al aire

-Guerreras del laberinto
Gritan todas al unísono, ríen y se abrazan

-¿Y qué fue de ella?
Reclama la muchacha bella sin poder dejar de mirar a la estatua

-No se sabe a ciencia cierta, hace mucho tiempo de aquello
Responde otra

-Unos dicen que fracasó en su intento y se convirtió en estatua de piedra en el laberinto y que una expedición fue a buscarla después de algún tiempo y solo encontraron esta imagen de ella y por ello decidieron no enviar a ninguna guerrera más
Responde una con aire triste

-Otros dícen que consiguió encontrar la salida del laberinto para regresar y en su honor tallaron la estatua
Responde otra algo más positiva

-¿Qué crees tú?
le preguntan a ella

-Que todavía camina perdida por el laberinto buscando la salida
Responde ella en una ligera sonrisa

Cantan, ríen, juegan y luchan un puñado de mujeres a los pies de la estatua de una guerrera, y la muchacha se siente en paz y tranquila entre tantas amigas
Poco a poco va cayendo el Sol de la tarde mientras llega Luna llena cubriéndolas con su maternal manto
Se levanta la muchacha bella, se despide de sus hermanas y abrazando a la estatua regresa de nuevo al laberinto

regreso a la Vida

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a mi abuela Lucrecia

Recuerdo de pequeño solía acompañar a mi abuelo cuando dedicaba las tardes al jardín, un día cargaba en un cubo cloro y ácido que echaba a la piscina, que buenos ratos pasamos con mis primos en aquel lugar
Yo era pequeño tendría siete u ocho años

-Ten cuidado con los vapores son muy nocivos
Me dijo mientras salía de la bodega, subiendo las escaleras y marchaba hacia la piscina

Demasiado tarde, había inhalado los gases y sin saber que me estaba pasando sentía que no podía respirar, presentía un grave peligro y corrí a toda prisa hacia mi casa, la puerta estaba cerrada, mis padres no habían regresado aún del trabajo y cada vez me sentía peor. La luz de la cocina de mis abuelos estaba encendida pero tenía que hacer un largo recorrido y subir unas escaleras. Sin pensarlo y asustado corrí en esa dirección. Pero apenas pude dar unos pasos, caí de bruces en el suelo, me estaba muriendo asfixiado y ni siquiera era consciente de ello. Mi mente empezó a ver como en fotografías que pasaban a gran velocidad momentos de la vida que se me escapaba sin ni siquiera comprender lo que me estaba ocurriendo
Cuando ya todo era oscuro una luz deslumbrante me recogió en brazos y me subió las escaleras, era un ángel o al menos eso presentí yo, me sentía seguro y en paz, me dejó en la puerta de casa de mi abuela y antes de golpear a la puerta me dijo con cierta preocupación
-Prométeme que pase lo que pase aguantarás hasta los ochenta y dos años, prométemelo
insistió varias veces parecía angustiado por sacarme el compromiso

Asentí haciendo la promesa. Golpeó a la puerta y al momento salió mi abuela y mis tías, llevándome de urgencia a la clínica Santa Elena que está muy cerca de mi casa

Alguien me dijo que fue una alucinación producto de los vapores del cloro, quizás desde entonces tengo esas visiones y premoniciones que siempre me han acompañado y de las que siempre ando escribiendo. Y sí tal vez no sea más que eso, pero que pasa si desde niño estás programado de alguna manera sabiendo que por alguna razón no vas a morir hasta llegar a una edad determinada, si está incrustado en ti ese pensamiento…

Crecí y me hice un joven temerario sin miedo a nada, quise ponerme a prueba en numerosas ocasiones llevándome al extremo de la muerte, podría contar numerosas anécdotas: he tenido catorce accidentes de tráfico, una vez me lancé por un barranco dando varias vueltas de campana, otra me estrellé contra un muro, me he cortado las venas, me he empastillado hasta estar tres días en coma, me he tirado dos veces de un sexto piso una vez me cogieron mis amigos de la cabeza y otra me quedé enredado de las cuerdas de un tendedero… la última vez que lo intenté y casi no lo cuento fue cuando me colgué con un cinturón en la cocina de mi casa, si mi madre no se levanta a beber un vaso de agua, por seguro en esa no lo cuento, así que a partir de entonces dejé de tentar mi suerte

no le tengo apego a la vida, a esta vida, es más son muchas las ocasiones que prefería no haber regresado y mucho menos haber hecho esa promesa, nada me ata ni nada me motiva en este mundo egoísta y sin sentido abocado a la autodestrucción. No quiero ir a ningún cielo y mucho menos regresar más veces al mundo de los seres humanos

Pero tengo una tremenda curiosidad: ¿por qué a los ochenta y dos años?, ¿por qué a esa fecha del diecinueve de febrero del dos mil cincuenta y uno?, ¿por qué esa insistencia de aquel ser que me regresó a la vida?

Se me está haciendo largo el camino, quisiera irme ya pero aún así espero con cierta tranquilidad esa fecha para poder marchar a ningún lugar