así habla el Profeta II

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a mi primo Jorge

así después de dos años solo en el desierto, viviendo en la cueva, comiendo raíces y hierbas, orando y meditando cada día, observando y haciendo cálculos con las estrellas a la noche
postrado en sacrificio su cuerpo sobre la tierra abrasada, se yergue sobre su cayado el profeta y grita a los cuatro vientos
-¡no! no sois dignos ninguno de vosotros
de arena lágrimas secas recorren su rostro

-¡mirad que ya viene, ya llega!
que está escrito en los libros sagrados de los primeros hombres sabios, iluminadas sus frentes de la gracia divina y en su presencia cuando arribó por primera vez a esta tierra, así lo anunciaron que habría de volver por dos veces más y viene en la última y esta vez será para quedarse
pero vosotros olvidásteis la Palabra Sabia, la Palabra Santa, ensuciándola con vuestras bocas
-¡mirad que ya viene, ya llega! precedido de música celestial, resuenan trompetas como rayos en el firmamento allanándole el camino y mientras vosotros regáis con la sangre de los inocentes sus mieses

que desde el inicio de las eras del hombre por dos veces avisó la estrella de Pan y por dos años estuvo alumbrando su llegada, anunciado está… será la tercera
tan sordos estáis que no oís la sinfonía de luces y colores que tintinéan en este firmamento

en éxtasis místico cae absorto el profeta al suelo mirando fascinado ante la infinidad de estrellas
señalando con su dedo la trayectoria de Júpiter balanceándose con dulzura entre luceros de Virgo, una a una va diciendo sus nombres con respeto, hasta la más insignificante anuncia la buena nueva

-¡mirad que apareció gran señal en el cielo!
por el tiempo de un preñao descansó el Padre en el vientre de la Virgen antes de regresar a esta tierra, arropada de Sol Luna cubre sus pies descalzos y sobre su frente diadema de doce estrellas corazón de león protege su sueño, cetro de planetas, el cuervo le da a beber agua de vida en cáliz de plata
y habiendo estado preñada del que es Uno el Verbo y la Palabra, Principio y Fin, Alfa y Omega clama de dolores de parto y sufre tormento

-¡mirad aunque no seáis capaces de verlo mirad!
y fue vista otra señal en el cielo y he aquí un grande dragón bermejo, que tenía siete cabezas y diez cuernos y en sus cabezas siete diademas… surcando el espacio profundo viene serpenteando a la sombra de soles

enmudece en regocijo el profeta y con él la inmensidad de aquel desierto oscuro en el que solo habitan escorpiones y vívoras

-todos nuestros mundos miran al mismo cielo pero pocos llegan a alcanzarlo
musita un muchacho desnudo sentado sobre una piedra bajo la higuera seca, su cuerpo de canela lacerado de cicatrices y heridas de golpes y palos, su espalda y su rostro abrasados de llagas, sus manos y pies en carne viva
el anciano lo busca con la mirada cautiva, sorprendido ante tan inesperada visita, trata de encontrar en el laberinto de sus ojos un camino al alma

el muchacho sonríe, el Sabio baja la vista

el recién llegado da un salto para darle la mano y ayudar levantarse al absorto profeta, de la piedra que permanecía sentado brota manantial de agua viva
-tengo hambre
suenan las tripas del muchacho

-solo hay un par de cebollas
resuelve angustiado el anfitrión

-¡oh tremendo festín!
se alegra el muchacho busca la fuente, se asea manos y rostro, y con delicadeza lava los pies del maestro
un hilo agua de la fuente llega a la higuera seca reverderea, de sus mustias ramas algunas brevas
el joven las recoge con delicadeza agradecido a la madre sabia por tan suculentos frutos

-ya no pasaran más hambre amigo
entran a la cueva al calor de la hoguera, agradecen y disfrutan de los alimentos recibidos casi sin cambiar palabra

-toma te será útil, la dejó un peregrino que pasó por aquí en busca de consejo hace ya mucho
saca de arca una camiseta rota y más sucia que blanca, el muchacho sorprendido ante regalo tan maravilloso, busca corriendo la fuente de plata con delicadeza la enjuaga y se la pone al instante

-¿y ésto?
señala un cosio hecho jirones a la altura del pecho

-dijo que era de un rey de un país muy lejano y ese era el escudo de su uniforme, decía que solo los mejores de este mundo llegan a ponérselo y que por él lo dan todo… hasta la vida

-este mundo está loco
sonríe el muchacho mientras acaricia el escudo de su primera camiseta
como lo haría cualquier otro joven de este mundo

-gracias por el regalo amigo, me ha gustado mucho

-déjame entonces poder marchar esta noche entre tus manos, para mi ya todo se ha cumplido, doy a gracias al cielo por haberte concido
reclama casi suplicante el anciano

el muchacho afirma
el profeta se acurruca como recién nacido, besando las manos al hijo de las estrellas
-permíteme maestro saber antes de irme qué serás: mártir o verdugo

-quizás no haga falta
resuelve tranquilo el joven
-descansa, ya estás en la abundancia del Padre, hermano

se levanta el muchacho y se adentra en la profunidad del desierto siguiendo el camino trazado por la estrella de Pan, descalzo sin nada pero lleno de ilusiones y sueños envuelto en su armadura alba y en la mano el cayado de un profeta

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