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XV la fragata Fantasma: mensaje en la botella

Relato corto de Alejandro Montero
dedicado a Santiago

Pasaron los años y la gente se fue olvidando de las historias que venían de ultramar, de aquel joven pirata que venció al heredero del emperador y a toda una escuadra de la armada imperial.
El secretismo y férreo control que las autoridades tenían sobre la información que Llegaba de las colonias hacía prácticamente imposible conocer lo que pasaba Allen de los mares.
El Imperio se debatía en disputas intestinas entre los herederos al trono y las interminables y cruentas guerras religiosas con los sultanatos del Sur y Levante que, cortaban el acceso de las especias y sedas que venían del Oriente, desabasteciendo mercados y colmados, y  encareciendo tan deseados productos.
Y aún así el descubrimiento de nuevos inventos como la imprenta hicieron florecer universidades, bancos, gremios y talleres, que impulsaron movimientos sociales y filosóficos que traían nuevos aires de esperanza y libertad a una población hastiada por la opresión militar y las interminables contiendas que regaba de sangre a aquel viejo y cansado Mundo

Pero algo ocurrió en una apacible mañana de primeros días de otoño cuando el Sol del verano se resistía aún a marchar…

A la orilla del mar un niño juega con las olas y entre sus pies una botella de cristal le acaricia con suavidad
El niño emocionado recoge la botella como si fuera el más increíble tesoro, lo agita viendo en su interior un legajo de papeles atados con un fino hilo de seda roja
Apresurado ante tal descubrimiento el infante abre precipitado la botella, quitando el tapón de corcho que la cierra y… oh! de su interior escapa Magia entre sus dedos, derramándose el hallazgo por todo el Imperio, trayendo nuebas buenas de lejanos lugares
Y a su paso por pueblos y ciudades… la notica se va agrandando expandiendo el rumor que traen vientos de poniente y dicen que allá en ultramar dos intrépidas piratas al mando de una escuadra de navíos de guerra y capitaneadas por la fragata Libertad tomó puertos y liberó ciudades, y levantaron nuevas y prósperas poblaciones, dicen que llegaron a acuerdos con pueblos nativos de los incas y los mayas y que juntos construyeron minas de hierro, cobre oro, plata y piedras preciosas, y sembraron plantaciones de café, cacao azúcar, y de muchos otros exquisitos manjares
También se rumorea que comercian por nuevas y desconocidas rutas con el Oriente, prosperando con la abundancia en el comercio de artículos que en el Imperio se desconocen

Y los rumores saltan a los diarios y periódicos de las grandes ciudades, todos quieren saber de aquellas informaciones que ya, algunos pocos recuerdan, solo los más mayores escucharon alguna vez y que fueron guardadas e las viejas bibliotecas de monasterios y abadías, y desempolvan el libro que cuenta la historia del viejo pirata y el intrépido guardiamarina de la princesa del Oriente y de la comandante de todos los piratas del Caribe

Hay quien también dice que un nuevo descendiente marcado con la señal de los emperadores gobierna aquellas lejanas tierras y que todos los que allí viven le quieren, admiran y respetan por su inteligencia, honestidad y bondad
Incluso hay quien se atreve a afirmar que el joven Emperador de los piratas construye una gran armada, preparándose para surcar los mares y venir hasta el mismo corazón del Imperio para enfrentar a quien le niegue su derecho a reclamar el trono del Emperator

Sí! todo esto y mucho más se habla en cada rincón del imperio y resuena como el sonido de las campanas de iglesias y monasterios que salpican cada rincón de aquel continente llamando al Ángelus de la mañana; o el canto de los almuédanos que llaman desde los alminares de las mezquitas a la oración en el sur y el Levante por donde despierta el sol de la mañana

Pero todo eso son solo rumores que trae el viento de poniente y solo aquel niño conoce lo que esconde su preciado tesoro…
Un par de hojas de papel escritas a mano que recoge un capítulo perdido, olvidado de la «fragata Fantasma»
E indiferente ante tanto revuelo, sentado en la orilla al rumor de las olas del mar, con dificultad comienza a leer

«En el puerto de Tetuán…»

XIV la Fragata Fantasma

Relato corto de Alejandro Montero
Dedicado a Mayte

Baja la Princesa del puesto de vigía en lo alto del palo mayor, camina lentamente por la cubierta de la Fantasma hacia la Victoria con la cara alta y la mirada fija en el Almirante, dos mil pares de ojos la observan sin que ella mueva una pestaña; en su rostro el más mínimo atisbo de expresión alguna, guarda para sus adentros sentimientos tan contradictorios, no quiere que nada enturbie su mente.
Detenida frente al Almirante, heredero del Imperio, le mira fijamente sin decir palabra.

-Vamos princesa, volvamos al lugar que nos corresponde, este sitio no es para nosotros, te gustará ciudad Capital… disfrutarás de recepciones en el palacio, de bailes y teatros; tendrás sirvientes y todo lo que quieras, no te faltará de nada. Pronto olvidarás a ese desharrapado, al fin y al cabo no somos tan diferentes.
Extiende la mano el Almirante esperando la de ella.

-No, no sois iguales. Tú hueles a sangre, rezumas soberbia y odio; él es de otra manera.

La princesa extiende su brazo, en su mano una pistola de plata con incrustaciones de piedras preciosas y nácar; apunta a la frente, dispara.
El Almirante cae desplomado ante la mirada atenta de todos los presentes.

-Solo puede quedar uno
Acaricia con la otra mano su vientre.
Grita a los cuatro vientos
-¡Reclamo para mí la Victoria!

Aprietan filas los infantes imperiales, apuntan un centenar de fusiles a la princesa, a su lado la Comandante altanera y firme, a nada le teme. Apostados en los palos los piratas claman vítores al valor de su princesa, azuzados por el giro de los acontecimientos, preparados para el abordaje, darían su vida por ella en ese instante.

-Eso es inaceptable, ni es lo acordado en el duelo
Advierte el Capitán de navío, nuevo oficial imperial al mando, mientras sale de la formación, escoltado por un puñado de oficiales sables en mano.

Apuntan sus mosquetes los piratas aguardando la inminente señal de su Comandante, se masca la tragedia, el enfrentamiento es inminente e inevitable, breves instante que precede a la tormenta, un tiro escapao y todo salta por los aires.

-Inaceptable… inaceptable, es mucho decir, pero permítame caballero dialoguemos como personas civilizadas para llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes, sin necesidad de más derramamientos de sangre.
Saluda entre pomposos ademanes el Capitán pirata a su homónimo imperial, cogiéndole con suavidad por el brazo y llevándolo hacia estribor, mientras una decena de bayonetas le enfilan por todas partes.
-¡Vamos!, vamos caballeros, relajemos los ánimos, que todo tiene arreglo en esta vida menos la muerte y de ella estamos todos solo a dos palmos.
Asoman los capitanes por la borda, un bote cargado de barriles de pólvora.
-En nombre de mi comandante, le hago la siguiente propuesta: rinda la nave y la flota, entreguen las armas y serán escoltados, sin sufrir daño alguno, hasta dos de sus fragatas para que puedan regresar a puerto Príncipe, la Victoria ya tiene nueva ama; y si no la undo con todo lo que tiene dentro.
Apunta con su pistola el capitán a los barriles.

-Sigue sin ser aceptable caballero, nosotros perdemos
Se revuelve el Capitán imperial.

Mira el pirata hacia los cuerpos de los hermanastros muertos.
-¿Está seguro de ello…?

Duda el imperial
-De acuerdo, dos, pero nosotros elegimos.

Busca el pirata, la Comandante asiente. Entregan las armas los infantes, izan la bandera blanca en lo alto del palo mayor de la Victoria, rendida está la flota. Llevan a los imperiales en la Barracuda, con ellos el cuerpo de su Almirante.

Buscan algunos piratas los restos del Guardiamarina…
-¡No lo toquéis!
Advierte la Princesa, recoge el cuerpo sin vida del muchacho, acaricia su rostro
-Yo guardaré dentro de mí tus tesoros para que no se pierdan. ¡No! nosotras no nos esconderemos ni dejaré que me atrapen y me quemen por bruja, ni ocultaré tus marcas, nosotras lucharemos, hasta liberar todo un imperio.

Recorta su vestido púrpura, envuelve a su amado, sus manos cubiertas con su sangre.

El Capitán lo recoge, le ata una cadena a los pies…
-Hasta la vista loro parlanchín, fue un placer conocerte, me enseñaste en este viaje que recorrimos juntos que los sueños algunas veces se cumplen, aunque no tenías que haber llegado hasta este extremo, quizás pudo haber otra manera… solo tú sabes.
… Lo arroja por la borda.

Allá, mar adentro, a varias leguas de puerto Esmeralda, pasado el peñón del Cuervo, en las profundidades del océano descansa el cuerpo del Guardiamarina.

Marcha la Princesa hacia la proa del barco sobre el nombre de la Victoria escribe con sus manos ensangrentadas un nuevo nombre para su fragata, grita a sus piratas…
-desde hoy te llamarás Libertad, yo seré tu capitana y nadie nos detendrá hasta que demos caza al mismísimo Emperador, ya siento en el interior de mí el ardor de su sangre. ¿Quién viene conmigo?
…Nadie se inmuta, la miran recelosos.

La Comandante al timón de la nave advierte a la Capitana
-El Imperio es muy grande, tendremos que preparar un plan, seguir una estrategia, al menos saber por dónde empezar, no crees que sería mejor que volviéramos a puerto para reparar la nave y celebrar la victoria…

-¡Bueno vale! Comandante a toda vela rumbo a puerto Esmeralda.

-¡Sí mi Capitana!.

Cantan y bailan en las tabernas y en las calles; narran a los que quedaron en tierra hasta el más mínimo detalle de todo lo que aconteció en aquel enfrentamiento, representan con palos tan singular duelo entre hermanos, sin olvidar ni una palabra.

Y en el camarote de la capitana de la Libertad, la Comandante, el Capitán y la Princesa a la luz de unos candiles, revisan mapas y cartas, analizan objetivos, elaboran un plan, trazan una estrategia para liberar un imperio.

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XIII La Fragata Fantasma

Relato corto de Alejandro Montero

Emerge Sol en llamas de las profundidades, presagio del día sangriento que se avecina, la Muerte cabalga sobre las olas.
Por poniente viene la Victoria, escoltada por cuatro amantes, tiburones hambrientos armados hasta los dientes.

Puerto esmeralda despierta al repique de campanas, voces de alarma, gritos y carreras precipitadas que parecieran no estar esperando a enemigo tan peligroso.
Enfila la Fantasma por la bocana del puerto, escorada hacia levante, buscando el abrazo de Sol, sin alejarse de la costa.
No tarda la Victoria en cambiar el rumbo, abandonando la formación; no teme el almirante imperial caer en una nueva celada, convencido está de una victoria fácil en cualquiera de los casos, atraído, hechizado por las notas de un violín desafiante desde lo alto del mástil mayor del barco pirata.

Se aproxima peligrosamente la Victoria, preparada para caer sobre su presa que acorralada no tiene escapatoria alguna…

-¿Calculastes correctamente los nudos de todas las naves, la fuerza del viento, las cartas astrales, los cruces…?

-Sí capitán, tranquilo, confíe en mí, todavía nos queda algo de tiempo para observar espectáculo tan impresionante; ¿me respondería a una pregunta…?

-Mal momento elegiste para preguntas loro parlanchín, pero…dime
Mira el capitán de reojo a su segundo al mando, nunca conoció a ser tan especial, magnífico ser humano que despierta en rufián sentimientos nuevos y extraños de aprecio y confianza.

-Tengo una duda que me ronda la cabeza desde que estuvimos amarrados en puerto Tortuga… no entiendo cómo pudo sacar los cofres de oro… no observé carros por la dársena ni por mar en barcas, tampoco están escondidos en el barco… lo conozco palmo a palmo, por eso me pregunto… ¿Dónde guarda sus tesoros, capitán?

¡Están a buen recaudo! listillo.
Sonríe el capitán orgulloso de haberle vencido en algo; recobra en aspecto temerario, empuña con fuerza su espada, saca la pistola
-Maldito muchacho, ¿Para qué quieres saberlo?

-Es por si cae en éste lance, sería una pena se perdieran, podrían serme de utilidad
Sonríe pícaro el guardiamarina

-Nunca guardes dinero en bancos muchacho, son los mayores ladrones, fábrica de hacer esclavos. Yo… hice un trato con el diablo, es más de fiar que cualquiera de esa banda de buitres

Asiente orgulloso el Capitán, mira desconfiado el guardiamarina
-¡Venga ya…!

-Es cierto, firmé con el mismísimo diablo un contrato hace tiempo… cada vez que le llamo el viene y se lleva mi oro para guardarlo, con él compra las almas de usureros, egoístas y envidiosos, a cambio me reintegra lo que necesito en cada momento con solo reclamarlo y por los intereses negocia con la Muerte, alargándome esta vida de vez en cuando.
Pero dejémonos de charlas y vamos muchacho… ¿Cuándo comienza ese espectáculo del que hablas?, empiezo a ponerme nervioso, ya huelo el péstido aliento del imperio a mis espaldas.

-¡Prepárese Capitán! y admire belleza sin igual; ¡Princesa, por favor…!

Deja de sonar el canto de violín en lo alto del palo mayor; señala el guardiamarina dirección a la proa, allá hacia «levante» emerge entero Sol de su abrazo al mar, en busca va de él Luna Nueva para eclipsarle y envolverle en manto de noche sin estrellas.
De los escapardos acantilados del peñón del Cuervo enfila de frente a la Fantasma la «Barracuda» escondida entre las sombras de la Fantasma, oculta a los ojos del tiburón aturdido por la oscuridad que de repente les aborda.

Gira a toda vela hacia estribor la Fantasma buscando a mar abierto en círculo de ciento ochenta grados, dejando al perseguidor de frente preparado para la embestida de la Comandante pirata.

Regresa lentamente Sol de su largo beso con Luna, a lo lejos reluce como una estrella puerto Esmeralda. Quedaron trabadas las naves imperiales entre redes y barcas de pescadores que les lanzaron durante el eclipse, permaneciendo atrapadas en fuego cruzado entre las defensas de los muros y algunos navíos piratas que los acechan por los costados; manteniendo estrecha distancia ambos bandos en una frágil «tablas».

Ruge en estruendo el choque de los dos mascarones de proa, la barracuda arremete contra la diosa alada, detenidas ambas naves en un seco crujir de maderas; a la par que la Fantasma atrapa al cazador por la popa. Preparados bravos piratas de ambos navíos a la señal de abordaje.

Más de un millar de infantes y oficiales aguardan el asalto formados en líneas cerradas, muro inquebrantable de fusiles calados con bayonetas y sables protegen en círculo a su almirante.

-¡Vamos señores!, ¿a qué esperan? empecemos con este baile que se nos hace tarde, o caso… tienen miedo.
Grita confiado el heredero del Imperio.

Sopesa las posibilidades del enfrentamiento la Comandante, duda siquiera poder romper posición tan defendida, ordenar el asalto les llevaría a una más que segura derrota, aun contando con todos los refuerzos que aguardan escondidos en las bodegas, atacar solo sería una masacre para ambos contendientes, el almirante imperial lo sabe.

-Os creía más valientes, pero en el fondo sois todos un atajo de cobardes. Está bien, si lo prefieren… reto en duelo a vuestros capitanes o a cualquiera otro que se atreva, si es que hay algún valiente entre tanto gallina.

Enmudece hasta el último de los piratas, nadie se atreve, la Comandante calla, el Capitán pirata se hace el despistado.
-¡Yo! acepto el reto.
Alerta el guardiamarina desde la Fantasma

-La rata salió de su escondrijo. Ven hermano deja que te de un abrazo, he venido de muy lejos para encontrarte.
Abren la muralla los infantes, abordan algunos piratas la Victoria, el guardiamarina va delante, el Capitán a su lado, la Comandante y sus oficiales atraviesan sin miedo las líneas enemigas.
Frente a frente los dos vástagos del emperador preparados para el lance.

-Hágase con la «Victoria» el vencedor de este duelo
Propone el guardiamarina.

-Y la dama…

-Eso a de discutirlo con ella… pero antes tendrás que pasar por encima de mi cadáver.

-Eso será fácil, me llevará solo un momento.
Cruce de sables antes de empezar el duelo, de miradas cargadas con odio.

-¿Sabes bastardo lo que dicen las marcas gravadas en tu piel?

-«Solo puede quedar uno»

-Sea pues…

Arremete con ímpetu el Almirante, se sabe superior en destreza y fuerza; el guardiamarina apenas puede fajarse del aluvión de estoques que le acosan por todas partes.
Tensa calma que hasta el viento se detiene, nadie quiere perder detalle de tan dramático envite, aguardan todos impacientes el trágico desenlace.

Poco dura el enfrentamiento, mucha sangre derramó antes la espada del Almirante, ninguna la del guardiamarina. Y en un desplante, el frío acero atraviesa el pecho del joven pirata, partiendo su corazón en dos.
El vencedor saluda sonriente a los vítores de su tropa, enardecidas por tan fácil victoria.

Recula el guardiamarina herido de muerte, cae en los brazos del Capitán.
-Maldito loco ¿Era este tu gran plan?, ¿para esto nos trajiste hasta aquí?
Acaricia el rostro de su segundo al mando, de su fiel compañero de viajes.
-Dime loro parlanchín ¿dónde escondiste los tesoros que en tu corazón guardaste? acaso ¿han de perderse en las profundidades de este mar? bien nos hubieran hecho falta

Devuelve con tierna sonrisa el guardimarina a su querido capitán; busca último esfuerzo en lo alto del palo mayor a su amada, princesa de su imposible cuento de hadas, para morir ante tan hermosa visión.

Atravesado el corazón de la princesa por el mismo dolor de aquél que muere por su amor, cruce de miradas de enamorados, le despide en la distancia con un adiós, susurra entre dientes
-Hasta que nos volvamos a cruzar

Se revuelve el Almirante buscando en lo alto del palo mayor de la Fantasma.
-¡Vamos princesa! Se acabó esta aventurilla, baja del palo, nos vamos; has de cumplir con los acuerdos y capitulaciones matrimoniales que firmaron nuestras familias. Ya perdí demasiado tiempo por estos lares, he de regresar para reclamar y gobernar mi imperio. Prometo si vienes conmigo que no te castigaré por esta locura, pero has de dar tu palabra de no volver a escaparte.

Enmudecen los piratas, rabiosos ante tan dolorosa humillación.
Se despide Luna Nueva de su amado Sol.

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