el Roble y la Alondra

Relato corto de Alejandro Montero

En el hueco vacío del pecho seco y moribundo de Roble milenario donde hace mucho latía poderoso corazón fue a buscar refugio una Alondra perdida, perseguida por oscuros cuervos, fantasmas que escondidos en las sombras del bosque no la dejan de acechar. Su frágil cuerpo tiembla de miedo y frío, llorando amargamente su desdicha y soledad, deseando antes la muerte que seguir viviendo en tan lúgubre lugar.
Ni siquiera un puñado de mariposas doradas que traviesas revolotean entre destellos de luz sobre su frente la consiguen animar

Al calor de la pequeña ave, el árbol se sintió nuevamente despertar y compungido por el dolor de su inesperada visita así le fue a hablar:

“Vamos pequeño pajarillo este no es lugar para ti, el mundo es un lugar hermoso, lleno de sitios maravillosos, ojalá yo los pudiera visitar”
habla con voz profunda el viejo Roble solitario

“No, amigo, el mundo es oscuro y feo, lleno de seres malos y egoístas que solo piensan en engañar y hacer daño. Ya no quiero regresar, déjame morir aquí… no pido ya más”
Recostada en su regazo desnuda y desvalida a Alondra la voz entre sollozos se le termina por apagar

“Esta bien, mi pequeña y nueva amiga si ese es tu deseo, no te lo voy a negar; pero antes déjame pedirte un favor”
Tierno y comprensivo el árbol la trata de animar

“Dígame maestro, favor por favor he de pagar, no me puedo negar”
Alondra curiosa se trata de incorporar

“Incontables años pasé en este bosque encadenado, mis raíces se agarran a la tierra y no me dejan marchar. Por eso quiero que seas mis ojos, te pido, ahora te suplico yo a ti, que vayas fuera de este bosque y que observes atenta lo que hay más allá, y con la Luna nueva, en la noche más oscura regreses y de cuánto hayas visto me has de contar, después si ese es tu deseo no marches más”
El corazón del Roble solitario con fuerza empieza a palpitar

Duda la pequeña ave, ante la súplica de tan amable compañero que atento la fue a reanimar no sabe que contestar, ahora no se puede negar…
“Está bien contesta Alondra, por ti haré lo que me pides”
Y sientíendose valiente ante el desafío a la mañana con los primeros rayos de Sol que esquivos atraviesan las ramas secas del árbol marcha en busca de aventuras que poder a su nuevo amigo contar

Cada noche de Luna nueva regresa Alondra a la oscuridad de aquel bosque con increíbles historias para narrar al solitario Roble que ilusionado empieza de verdes hojas a rebrotar

Antes de que regrese el Sol y vuelva a marchar, el pajarillo le canta una canción que habla del amor imposible de un Roble milenario y de una Alondra de Paz

Y el bosque dormido antes de despertar
calla para poderla escuchar

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