Mi memoria Histórica

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a mis abuelos/as

Tenía solo seis años cuando comenzó la transición política de España. Yo apenas era un niño que recién empezaba el colegio, y apenas sabía escribir, leer y hacer algunas operaciones.
Pero recuerdo perfectamente esos momentos.
Subí cooriendo y alborotado a casa de mis abuelos, estaban con algunas de mis tías viendo en silencio con preocupación y ansiedad la televisión, lloraban amargamente.
Busqué sin comprender nada en la televisión el motivo que les estaba provocando tanta tristeza y angustia, una especie de camión con un ataúd envuelto en una bandera de España abría paso a una comitiva fúnebre, miles y miles de personas se agolpaban en silencio a su paso.
“-Franco ha muerto” dijo mi abuelo con la voz entrecortada y un hondo y ahogado pesar como si el mundo se fuera a acabar en esos momentos

Pero yo era solo un niño no entendía nada y viendo el panorama decidí irme en busca de mis primos para seguir con nuestros juegos mucho más divertido y amenos que aquella imagen de duelo y pena
Con el tiempo fui comprendiendo los motivos y razones de su pena, como también supe que ese mismo día en la casa de mis otros abuelos, sobre todo ella, lo habían celebrado como uno de los días más felices de sus vidas. Comprendí que cada uno siente y cuenta la historia según les tocó vivirla.
Me hice mayor, cerca ya del medio siglo, he tratado de estudiar y conozco la historia del Ser Humano desde prácticamente que comenzó a dar sus primeros pasos en este planeta cubierto de agua al que paradógicamente se le llama Tierra, todas las civilizaciones, culturas, imperios, descubrimientos, inventos y avances tecnológicos; siempre desde la objetividad y con el máximo rigor, intentando estudiarla desde el máximo de perspectivas posibles, para, por si el día de mañana cuando me vaya de este mundo, pueda llevármelo conmigo, los aciertos y fracasos las grandezas y miserias de este extraño y complicado Ser perdido en esta diminuta mota de polvo en un Universo inmensurable…

Pero volviendo al tema que me trae a este relato, intentaré contar mi visión de la memoria histórica, de la mía y de mis seres cercanos que la vivieron, mis abuelos, en una época convulsa de la historia de mi país (aunque cuál no lo ha sido), porque su historia es la mía y lo que ellos vivieron en esos años de la última guerra civil, sin entrar a valorar las causas, motivos u hechos históricos; tan solo los que ellos vivieron y lo poco que de ella, ellos en primera persona me contaron y de lo que me transmitieron de lo que es vivir una guerra así, y ahora lo cuento con su permiso, en el cariño y respeto que les tengo, en su memoria que es la mía, aunque no estén ya aquí con nosotros;
para que los que lean este relato reflexionen sobre el peligro de volver a repetir algo parecido

Dicen que las guerras civiles son las más incruentas y violentas, porque enfrenta a vecinos, amigos, hermanos en el mismo campo de batalla, su tierra y su hogar.
Y si se puede decir que alguna guerra es más violenta o brutal que otra, porque todas lo son, ésta como las muchas otras civiles que han ocurrido en este país, por seguro lo fue

Me contaron que mi abuela Ana, siendo una niña con catorce años limpiaba la caseta de la CNT en Torremolinos, y cuando llegaron los nacionales fue una de las primeras en ser detenida, encarcelada, interrogada y torturada, querían saber los nombres de las personas que frecuentaban el lugar, pero ella no dijo ni un solo nombre, por eso la raparon la cabeza y la pasearon atada con una cuerda junto a otros por el centro del pueblo, y encerrada en una especie de campo de concentración-prisión que levantaron allá por lo que sería el colegio de huérfanos, a espera de ser fusilada de un momento a otro.
Dicen que los familiares de los detenidos se agolpaban al otro lado de las alambradas para poder llevarles algo de comida o simplemente para poder verlos y tocarlos. Me contaron que con ayuda de un guardia amigo de la familia, consiguieron sacarla una noche y la llevaron a una casa semiabandonada en los montes de Benalmádena Pueblo y allí pasó sola el resto de la guerra que recién empezaba, comiendo higos de una higuera cercana, algarrobas, hierbas y lo que podía y de lo poco que la llevaban los familiares cuando subían a verla muy de vez en cuando.

Mi abuelo Juan su marido, era uno poco mayor que ella, no solía hablar de casi nada, solo le gustaba darse largos paseos, (eso lo heredé de él) pero si hablaba poco de la guerra menos.
Un día ya mayores mi hermano le preguntó:
“-abuelo ¿te vienes conmigo a correr?”

“¿-A correr? ya corrí bastante en la guerra de un lado para otro” nos contó que era miliciano, montañero y que estaba con dieciséis o diecisiete año al mando de un grupo encargado de una metralleta, y cuando llegaron los “moros” corrió en “la desbandá” desde Torremolinos hasta Almería sin soltar la pesada metralleta del hombro. Lo que vería ese hombre en aquella carretera. Y así fue dando bandazos de un lado a otro, hasta que le cogieron prisionero y lo llevaron a la plaza de toros de Badajoz.

“No le preguntes a tu abuelo por la guerra, ya lo pasó bastante mal, no le hagas recordar.” mi abuela se enfadaba cuando le preguntaba insistentemente sobre el tema.

Un día sin preguntarle, así sin más, estando los dos solos me dijo:
“-lo peor de todo fue la plaza de toros, el hambre el frío y el miedo, cada día nos ponían en fila, y empezaban a contar algunas veces de cinco en cinco otras de diez en diez o sin un número fijo, o simplemente a voleo, nos sacaban de las filas no ponían en el paredón y los fusilaban así sin más…” luego cayó y con la mirada perdida se fue a dar una de sus largas caminatas

Estos son los recuerdos de mis abuelos de aquellos que les tocó en el bando republicano, los otros los del bando nacional no corrieron mejor suerte, aunque visto lo que pasó y la de inocentes y no tan inocentes que se dejaron la vida en aquella guerra y posguerra, se puede decir que tuvieron bastante suerte, que sobrevivieron casi de milagro y gracias a ello hoy puedo yo contarlo

Mi abuela Lucrecia, era carlista, monárquica hasta la médula, le gustaba cantarme esas canciones de los carlistas, a su ángel como me llamó siempre, contaba con orgullo que fue una de las primeras maestras que enseñaba en Toledo y que su padre había sido confitero del rey, y que tenían una confitería en la ciudad imperial, y por eso lo detuvieron los “rojos”, por ser un señorito con una propiedad y monárquico. que lo subieron a una higuera en verano, junto a otros y allí los tuvieron sin bajar varios días, quizás semanas, que se los estaban comiendo las hormigas, y que por las noches les llevaban algo de comer y agua, que estaban muy mal con el cuerpo lleno de quemaduras y un día sin más cuando llegaron los habían matado a tiros en el árbol como a gorriones.
Y allí quedó esperando que regresara de la guerra su novio, el primer y único amor de su vida, mi abuelo, para casarse con él, como le había prometido que haría a su regreso.

Mi abuelo Alejandro, era falangista, de familia de recursos, tenían una empresa de camiones, al terminar sus estudios primarios, marchó a Madrid a estudiar veterinaria cuando le pilló la guerra en segundo año de carrera. Sabía que si se quedaba le detendrían, lo encerrarían y lo fusilarían, así que con gran peligro y riesgo burló el cerco de las checas y saliendo de Madrid se fue en busca del ejército nacional más cercano para alistarse con los suyos, que… paradojicamente cuando se presentó le tomaron por un espía o infiltrado y casi le fusilan los suyos allí mismo, pero cuando lo llevaban escoltado, algún mando amigo de la familia lo reconoció y le soltaron. Como era estudiante universitario, algo no muy frecuente por aquel entonces, le destinaron al hospital de campaña, como médico, se podía decir que era lo más parecido a un doctor que tenían a mano en ese momento.
Me contó que le pusieron de ayudante de un cirujano muy famoso que no paraba de operar día y noche, y que solo tomaban café y huevos crudos, que a los poco días le dijo, “-hijo ya has aprendido suficiente ahora te toca a ti solo.” y allá se puso a operar sin mucha idea al principio a unos y otros, a todo el que le traían porque el no distinguía de colores ni de bandos, para el todos eran personas que sufrían y necesitaban su ayuda; que al principio se le murieron unos pocos, porque no tenía mucha idea, pero al tiempo se hizo conocido entre los heridos y que todos le buscaban para que les curara, “-ese está muy mal, llevarle al Veterinario, a ver si hace un milagro” así le llamaban, el Veterinario. Dice que no sabe a cuanta gente salvo la vida, incontables y muchos otros que también se le murieron, “-sin pegar un solo tiro maté a unos cuantos” decía entre broma y pena. Al acabar la guerra le ofrecieron hacerse médico y darle el título, pero el contestó que no quería ver más una sala de operaciones, se licenció volvió a Toledo en busca de novia, a cumplir una promesa y se casó con el amor de su vida, lo vendieron todo, y se vinieron a Torremolinos con sus hijos aún pequeños

Aquí se conocieron mis padres y se casaron, y mis abuelos los unos y los otros se trataron siempre con aprecio y respeto, nunca les oí nada malo de los otros ni de ningún otro, no me inculcaron ni odio ni resentimiento, todo lo contrario, me enseñaron que la guerra la violencia y el odio no trae nada bueno…
Para mi siempre fueron mis héroes, sin distinguirlos por sexo, ni ideología política, los cuatros lucharon por lo que creyeron y vivieron sus vidas con integridad y honestidad

Aunque en algo coincidían todos ellos: “ojala no tengas que vivir una guerra”

Hace ya mucho años de aquella guerra civil, de los últimos que la vivieron ya quedan pocos y son mayores. Pero la semilla del odio y resentimiento sigue latente en los corazones de muchos españoles que ni la vivieron ni la sufrieron
esperemos que no germine de nuevo

Funeral de Franco héroe salvador y caudillo para unos, asesino golpista y dictador para otros

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