XI Cuentacuentos y el sabio Liu

relato corto de Alejandro Montero

-¿Dónde estamos Cuentacuentos?
Avisa Hada suspendidos en ninguna parte

-No sé a veces me pasa, me quedo colgado si estoy cansado y confuso u ofuscado enfoco mal el destino me pierdo y me quedo atrapado en el vacío
responde el muchacho su cuerpo rendido su mente perdida en ninguna parte

-¿Y cuándo saldremos? empiezo a sentirme angustiada
revolotea Hada sobre el muchacho aturdido disperso en el todo de la nada

-depende…

-¿de qué?
empieza a angustiarse la pequeña al ver en tal mal estado a su amigo acaso farfullando sin sentido

-de que me recupere y encuentre de nuevo un camino que nos lleve alguna parte, pero ahora estoy muy confundido me hundo en los pensamientos

-ah! no, no puedes dejarme aquí vamos despierta Cuentacuentos
empieza a gritar y a golpearle en el rostro tratando de despertarlo, ofuscando más al muchacho

regresa Cuentacuentos en una sonora sonrisa
-Pero siempre recuerdo un camino para estos casos que me lleva a casa de un buen amigo y maestro el siempre tiene una palabra amable algún humilde consejo. Ven Hada te presentaré a Liu

bucea Cuentacuentos entre la tormenta que golpea sus pensamientos Hada vuela agarrada a sus pelos juntos llegan al jardín del sabio Liu

Esplendoroso vergel de vida exuberante brota inagotable entre el bosque de bambú, en el centro un estaque de nenúfares y papiros de ranas saltarinas y culebras de sabiduría; levitando a la orilla el sabio Liu, se estiran las flores para besarle, de sus manos de su boca de sus ojos liban moscas y mariposas, abejas y avispas, revolotean sobre él aves de hermoso plumaje, de hadas que juegan a su alrededor alumbrando su frente, y de muchos otros seres que no vieron ojos humanos, pétalos de luz acaricían su cuerpo transcendido en el pálpito de cada vida que late en aquel oasis

Cuentacuentos cae rendido agotado, cansado de sí, apenas se apega a la vida acariciando la hierba húmeda y fresca que enjuaga su rostro contraído
Hada maravillada se lanza descontrolada para libar del manjar de la fuente de la sabiduría que emana del sabio derramándose por el bosque, relame la recién llegada el néctar entre las manos del anfitrión con suma delicadeza

-mira Cuentacuentos, mi espíritu está en calma, mi mente despejada, mi cuerpo sano, el jardín y cuánto aquí habita florece conmigo y yo en él, somos la misma vida compartida en equilibrio y armonía
Tu dolor, tu angustia y tu miedo son ahora también el nuestro, si dejáramos que nos absorbiera todo cuanto ves languidecería contigo llevándonos al hastío inagotable… pero no lo vamos a permitir
Sonríe el maestro

-Ven pequeño, y acurrúcame entre tus brazos y armonízate conmigo seamos uno en todo

se deja hacer el sabio y de cuánto a su roce vida hay en un niño pequeño para caer en los brazos de Cuentacuentos

El muchacho recien llegado se relaja sentado junto al estanque de nenúfares y de papiros saltan las ranas en el estanque chapotean en el agua peces de colores acarician sus pies descalzos culebras de sabiduría
canta Cuentacuentos una nana acompañado de coro de pájaros al niño dormido entre sus brazos
Hada peina los rizos del niño sabio

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