el pescador de perlas

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a la Perla negra

Vivía el pescador de perlas en una humilde pero confortable cabaña en una pequeña isla de la exótica Ceilán allende los mares
su única compañía era una urraca azul que cada mañana insuflando de valor su espíritu le repetía cuando marchaba a pescar
-Buena suerte amigo mío hoy encontrarás la perla negra

-Buena suerte amigo mío hoy encontrarás la perla negra
bromeaban otros pescadores antes de que se lanzara al mar con su viejo cayuco, todos saben que nunca encontró siquiera una perla en tantos años que anduvo buscando por tantos mares

Pero no se alteraba, nadie conocía mejor que el los mejores lugares y bajo que conchas se ocultaban las más hermosas joyas de nácar y aún así ninguna sacaba, solo se alejaba de los demás pescadores y se zambullía durante largos minutos, saliendo en contadas ocasiones para tomar una bocanada de aire de vez en cuando antes de sumergirse raudo, sus ojos eran de peces podía escudriñar cada pequeña grieta donde una nueva ostra guardara tan hermoso tesoro que andaba buscando sin éxito durante años
Pero esa mañana tuvo un buen presentimiento, éste era el día indicado parecía tenerlo claro, así que se decidió probar mar a dentro, detrás de la barrera de arrecifes, por donde pululan los peligrosos tiburones, devoradores de hombres

Pero había estudiado bien el terreno, encontrando una salida segura entre el arrecife hacia mar abierto, desde hacía tiempo inspeccionaba una pequeña roca que salía desafiante a la bravura de las olas
-allá han de criarse las mejores ostras seguro en alguna estará la perla que tanto busco
Se dijo dándose ánimos y sin dudarlo un instante lanzó su cayuco en busca de tan hermoso tesoro
en las prisas despertaron agitados los moradores que habitan en las profundidades
-nada ni nadie me va a detener, he de conseguirlo
se repetía seguro

alcanzó la roca ató su cayuco y se sumergió hacia las profundidades dejándose llevar por su olfato, muchas eran las ostras y muchas y hermosas perlas que escondían en sus regazos, él las observaba sin molestar a sus protectoras, más ninguna la que buscaba mientras más hondo se adentraba…
allá en lo más profundo sobre la arena blanca una perla negra, su perla, la que tanto había buscado solo un esfuerzo más y casi sin aire pudo alcanzarla para regresar a la superficie, esquivando a los depredadores que trataban de devorarlo
Montó en su pequeña barca y puso dirección al refugio del arrecife en busca de la playa cuando ya caía el sol en el horizonte, llegando precipitada la noche
En su mano apretaba con fuerza tesoro tan extraordinario, su corazón latía acelerado, su cuerpo se estremecía de la emoción y su mente se perdía en especulaciones
“No la venderé, ni la enseñaré a nadie, la guardaré para contemplarla únicamente yo de vez en cuando, tengo que tener cuidado no la roben los piratas y merodeadores, y de esa urraca parlanchina tendré que librarme vaya a arrebatármela en algún descuido y la pierda en alguna parte…”
Poco a poco el corazón del pescador fue cubriéndose de tormentas y tan absorto estaba en sus elucubraciones que poderoso demonio emergió de las oscuridades golpeando con fuerza la frágil barca, pillando desprevenido al confundido amante que apenas pudo reaccionar para mantener el equilibrio y no verse arrastrado a las profundidades
Pero la Perla escapó de entre sus dedos cayendo al mar teñido de noche, el pescador solo pudo ver un último destello mientras se hundía lentamente, demasiado tarde para intentar recuperarla, la había perdido irremediablemente

Exhausto y abatido tomo dirección a la orilla para buscar descanso y retomar fuerzas al refugio de su hogar, desconsolado cayó rendido
A la mañana siguiente con los primeros rayos de Sol, el pescador levantó para comenzar una nueva jornada y mientras marchaba la urraca se despedía
-Buena suerte amigo mío hoy encontrarás la perla negra

Pero mientras observaba la inmensidad del océano se dio cuenta de que no, ya no la encontraría, las corrientes la habían arrastrado mar adentro, quizás en algún otro lugar algún otro pescador intrépido pudiera encontrarla, pero para él era demasiado tarde
Se echó a la mar y al amparo del arrecife tomó un puñado de perlas de distintos tamaños envolviéndolas en un pañuelo, regreso temprano, recogió algunas cosas de su choza y con el espíritu henchido por la alegría de haber podido compartir si quiera por un día su perla, echó a andar tierra adentro ya nunca la olvidaría

La urraca voló a su hombro
-Vamos amigo ha llegado el momento de marchar, el mundo está lleno de maravillas por visitar

pescadores de perlas Bizet 1863
interpretada por Plácido Domingo

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