IX atrapada en el laberinto: el Vórtice

relato corto de Alejandro Montero

Observa contrariada la guerrera detenida frente a un extraño puente de metal que se eleva sobre un profundo abismo, resuena en un martilleo constante casi imperceptible, a lo lejos se pierde en una montaña que se eleva sobre oscuras nubes

Duda por un instante, nunca vio nada semejante, una oportunidad de conocer algo diferente, se decide finalmente a cruzar el puente
a cada paso que da el ruido se va haciendo más fuerte y desagradable, la vibración de los golpes atraviesan cada minúscula parte de su ser produciéndola malestar y angustia su cuerpo se encoge, la montaña va haciéndose más y más grande a medida que se acerca

Encuentra única entrada oscura cueva, la vibración en el interior retumba por todas partes, toda la montaña resuena a cada golpe, contrariada y curiosa busca una explicación adentrándose en las entrañas buscando una salida, muere el metálico puente en una gran sala en lo más profundo de la montaña, en el centro un vórtice torbellino que absorbe ensordecedor ruido y que se eleva en espiral hasta la despejada cima, el puente se hunde no puede echar marcha atrás

La guerrera se siente incómoda irascible ante el ruido incesante, constante, busca atenta y desconfiada, sus sentidos la advierten extrañas sensaciones peligro presiente, se siente observada por numerosas miradas curiosas desde todos los lugares y el murmullo de conversaciones casi imperceptibles que parece hablen de ella, cada vez se siente más y más irritada, detenida frente al remolino, aprieta las cinchas de su armadura y lentamente introduce una mano protegida con guante de acero, un duro golpe la atraviesa pareciera que la rompiera arrancándole cada dedo, el dolor es insoportable, la retira rápidamente

-Si pretendes entrar deberías empezar por desnudarte
Escucha una voz tintineante que la advierte desde un extremo de la gran sala, rodea el vórtice buscando en un rápido quiebro al interlocutor de aquellas palabras, encuentra a un enano, golpeando un pesado martillo contra un yunque en el interior de una fragua, su cuerpo desproporcionado deforme

Invadida de desprecio ante ser tan repugnante, el hedor a sudor que desprende la provocan arcadas, busca en su mirada lasciva y una media sonrisa pícara. Numerosos ojos la miran con similar intenciones desde todas partes

-Detén el martilleo, me molestas, me resulta desagradable, te detesto, te desprecio, eres un ser repugnante…
Vomita todo tipo de improperios enfadada la recién llegada al hombre pequeño que siquiera se inmuta ante el desafío

-No puedo, es mi trabajo, no te invité a que vinieras, solo pretendí advertirte haz lo que quieras
Responde confiado el enano

La guerrera se lanza contra él asestándole duros golpes, lanzándole contra las piedras. El ruido enmudece el vórtice desaparece. La guerrera grita angustiada desesperada. El enano se levanta indiferente ante tantos golpes, recoge su martillo y continúa aporreando con más fuerza si cabe el yunque, reanudando ensordecedor sonido, el torbellino renace lentamente hacia la cima

Con rapidez y cierta timidez se desnuda la muchacha dejando entrever esbelto cuerpo lleno de cicatrices para lanzarse rauda contra el torbellino, con intención de alejarse lo más rápido posible de aquel lugar miserable, pero el torbellino la arrastra dándola bandazos en el interior del remolino, siente su cuerpo deshacerse en minúsculos átomos ante atronador sonido que la envuelve, hasta que finalmente sale despedida del remolino, a rastras insoportable dolor cubre su cuerpo, nunca antes se sintió vencida, contrariada no encuentra explicación ni salida y aún así su único pensamiento es salir de aquel lugar cuanto antes

-Me engañaste… me dijiste…
La emprende nuevamente descargando su rabia ira e impotencia contra el hombre que siquiera hace intención de fajar los duros golpes que recibe, ni a insultos y desprecios responde. Agotada la muchacha termina por dejarle

El enano recoge su martillo tranquilo y ecuánime a pesar de la paliza recibida, pareciera inmutarse, recoge su martillo y continúa golpeando sobre el yunque

-Nunca dije que te quitaras la armadura y la ropa, aunque al otro lado tampoco te serán necesarias, has de liberar tu mente y tu corazón de toda mancha

Busca la muchacha un rincón de la sala, medita relajada por primera vez todo lo ocurrido desde que empezó su odisea por el laberinto, incluso se siente culpable por muchos de sus irresponsables actos, se perdona, perdona a otros y poco a poco va calmando su espíritu, desprendiéndose de sus prejuicios de su odio y desprecio, de su soberbia, desconfianza, y de todo aquello que nubla su corazón y ensordece su mente
Hasta que se siente en paz consigo misma, sin miedo rabia ni ira, desaparece el incesante martilleo que golpeaban sus oídos, nadie la observa, solo está ella consigo misma, desnuda su cuerpo, límpidos su corazón y su mente. Para lanzarse sin miedo al interior del remolino buscando una nueva salida del laberinto al otro lado del vórtice de vibraciones

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