II Cuentacuentos y el sabio Liu

relato corto de Alejandro Montero

Deambula Cuentacuentos solo, perdido y angustiado entre mundos que se deshacen de soles que se apagan. En ningún lado encuentra consuelo, perdida la esperanza ante lo imposible. Su cuerpo consumido, su mente agotada. Cansado de luchar contracorriente en una batalla interminable de una guerra sin fin, rendido se deja vencer a lo inevitable al abrazo del olvido de lo que nunca pudo haber sido. llegando sin darse cuenta a una de las estrellas más alejadas de este universo vacío y frío, donde tranquilo y en calma espera un viejo amigo

-Ven Cuentacuentos y déjame que vea como te trató el tiempo, toma refugio en el bosque de bambú de Liu y cuéntame que te pasa y lo que fue de tus mundos.
Bajo el árbol que llora pétalos de luz le espera el sabio, su mirada limpia y compasiva ante el sufrimiento que emana del muchacho

Cae agotado el joven sobre un manto de tréboles de cuatro hojas en el abrazo del maestro ocultando entre sus cálidas manos lágrimas y sollozos
-No hay salida a este laberinto, no encuentro un camino que me muestre el fin a tanto sin sentido. he levantado ciudades de paz y conocimiento sobre desiertos sin vida, he construido maravillas que desafían lo imposible para que perduren al paso del tiempo, he abierto mis puertas para compartir tanta hermosura y belleza con todos aquellos que de buena fe a ellas llamaron, pero la codicia, la lujuria y ambición de los bárbaros no tiene límite, ni las murallas más altas, ningún ejército puede detenerlos, los héroes más valientes cayeron derrotados, todo sucumbe a su paso.
Incontables veces levanté las pirámides a la rivera del Nilo, se secaron los jardines de Babilonia, ni la ciudad siete veces Santa encuentra respeto. no hay lugar en mi mundo en el que lo haya intentado, ni playa de todos los mares que no conozca el sabor de mi sangre. Mi planeta languidece al hastío de sus habitantes, pronto desaparecerá inevitablemente y con él todo lo que algún día fue.

-Eso parece joven creador de mundos, quizás ese sea su destino, ya vi como ocurrió con muchos otros
Resuelve el maestro sin mostrar el más mínimo pesar

-Pero no quiero, hay tantos seres a los que amo, tantos lugares únicos y preciosos, todo se perderá, nada quedará de todo ello.
Se lamenta Cuentacuentos como un niño abandonado

-Ven déjame que te muestre como lo consiguieron otros que ya están con los que son diferentes a vosotros

Caminan de la mano por el bosque de bambú, el aire susurra entre las cañas la más bella melodía, mariposas revotolotéan a su paso, luciérnagas secan sus lágrimas, abejas endulzan sus labios cortados, pájaros de papel sobrevuelan nubes de algodón en un cielo claro, pero nada consuela al recién llegado.
En medio del bosque un estanque de papiros y nenúfares, levitan peces de colores, saltan ranas curiosas, juegan a golpear con sus colas libélulas haciendo ondas sobre el agua en calma.
Roza con un dedo el maestro la superficie de plata y un universo se muestra ante ellos.

-Mira todos esos mundos son el mismo que el tuyo, las mismas personas los mismos lugares, pero cada uno tomó un camino distinto porque también fueron distintas las circunstancias, muchos de ellos ya dejaron de ser, son aquellos que no brillan. Pocos muy pocos, si acaso alguno encontrará la senda que venza al paso del tiempo y lleguen al final del camino para empezar nuevos retos, no te aflijas, también estás en esos planetas, eres parte de ti en ellos, tu esfuerzo y sacrificio servirá para que tú en ellos también llegues a tú destino, y contigo están todos aquellos a los que amas y que también te aman. Al igual que en mí están todos los que un día fui y no llegaron, nunca se perdieron.

-¿De qué me sirve? falso consuelo si yo fracaso en el intento, ninguno de mis otros podrá recordar ni sentir lo que yo siento aunque fuera en ellos. No, no es la respuesta que busco ni puede serlo, me engañaría en la esperanza de otros.
Se revuelve molesto Cuentacuentos, sonríe el maestro.

-Entonces ven y sumérgete en las aguas puras del estanque sana tu cuerpo y limpia tu mente de prejuicios y negatividades y déjame que te cuente yo una historia de un pueblo que en tu mundo alcanzó el camino marcado que se oculta en un mapa de estrellas y ahora relucen entre las más brillantes. Déjame que te lleve con ellos quizás de su esfuerzo y su lucha encuentres una manera de sacar a tu mundo del inevitable fin al que se precipita.

Tintinéan entre lágrimas los ojos del muchacho ante una esperanza a la que apegarse.
-¿Quiénes son?, ¿dónde vivieron?, ¿cómo se llaman?, ¿cómo no escuché de ellos antes?, ¿cómo lo consiguieron?…
Envuelto Cuentacuentos en un mar de preguntas mientras se sumerge en las aguas del estanque, los peces besan su piel, las ranas suben por sus brazos, las libélulas golpean suavemente en su cabeza provocando ondas sobre su pensamiento

Sonríe nuevamente el maestro mientras sumerge la cabeza del muchacho en el agua
-Me agradas Cuentacuentos, tu coraje me recuerda al mío, tranquilo no tengas prisa, aprende a darle tiempo al tiempo, no será fácil, ni más difícil que lo fueron otros, solo debes tener fe y ser uno en ellos, y te mostrarán un camino Sagrado que pocos, muy pocos han alcanzado…

bajo el agua ve como musita entre los labios el maestro unas palabras
-su nombre es el pueblo Maya. Buen viaje Cuentacuentos

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