Cuentacuentos y Golondrina viajera

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a Golondrina

-pues muy bien, nos quedaremos aquí
se recuesta plácidamente cuentacuentos en el frío suelo, parece sentirse cómodo

-¿cómo?
se muestra contrariada la muchacha acurrucándose con la piel de la loba al abrigo de unas piedras

-si no estás dispuesta a acompañarme y no pienso dejarte ir, no queda otra que quedarse aquí…

-pero cómo te atreves, es ¿qué acaso piensas obligarme?
le lanza una piedra con tanto tino que le da en la frente abríendole una brecha de la que fluye rauda la sangre

quejas y lamentos de Cuentacuentos mientras se tapa la herida con un paño humedecido y unas hierbas que saca de su zurrón
-era solo una broma, solo pensaba echarme un rato y casi me matas de una pedrá

-pues ya sabes como las gasto, más te vale respetarme…

-¡calla!
sisea cuentacuentos entre dientes, a la par que se levanta de un salto y extiende la mano buscando en una mancha lejana que oscurece noche estrellada

humedece con miel sus labios cuentacuentos y silva sutil casi imperceptible melodía a las alta nube que sombrea de alas a Luna risueña. del cielo hecha una bolita de plumas se descuelga golondrina viajera rauda a la llamada para libar tan dulce néctar, mientras se saludan cariñosamente entre besos
-ven mira he de presentarte a una amiga, necesitamos que nos hagas un favor…

revolotea golondrina para posarse sobre la nariz de la muchacha que mira asombrada a pájaro tan hermoso y bien hecho, clavándose ambas la mirada.
vuela rauda golondrina en busca de la nube pasajera.
cae la muchacha bella mareada, sus ojos en blanco volando va por lugares de tierras lejanas, enclavadas en tiempos pasados

pasan las noches frías y tras ellas abrasadores los días, la muchacha apenas come un puñado de hierbas, raíces y frutos que le ofrece masticadas Cuentacuento, si acaso unos sorbos de agua que devuelve entre el amargo sabor de los venenos que escupe su cuerpo limpiándolo de profundas heridas
seca sus sudores cuentacuentos sin quitarle ojo de en cima, atento otea en ellos un horizonte únicamente blanco
se estremece la muchacha al ver en la distancia desde el cielo a aquellos a los que considera seres queridos, reconfortada por sentimiento tan cálido de reencuentro. relajado el rostro de una diosa dormita entre los brazos de cuentacuentos, recuperando la mirada perdida

-dónde quiera que estén, están bien, los encontraremos
observa en un instante cuentacuentos a través de los ojos de la muchacha la mirada pasajera de golondrina viajera

golondrina-común-en-vuelo-©Eduard-Reverte

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