la Hospitalera

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a l@s hospitaler@s del Camino

en una de las etapas más largas del Camino, tomando la ruta alternativa de los Hospitales, que te lleva solitario entre pelados picos de las montañas Astures, por el camino antiguo donde venían los primeros peregrinos hasta el puerto del Palo, lugar donde aún hoy algunos se pierden camino Santiago.

Comparten en eco los barrancos el silbido de Halcón desafiante y enfadado a mi paso por la vereda que cruza las altas montañas en túnica de terciopelo de flores moradas suave mortaja de los que allí descansan; encara la rapaz en picado de las cumbres enfilando un arroyo lejano.
Despiertan espíritus ancestros al aviso del guardián de la Moa.

Un cuervo me mira atento desde una costilla del puñado de huesos que quedan del esqueleto de un caballo otrora salvaje y me recuerda que estamos en suelo sacro, donde reposan los restos de hombres y mujeres Sant@s
“No te salgas del camino, apenas te detengas, no comas tampoco bebas ni agua, no alteres nada, siquiera dejes clavada tu huella en el barro, ni cojas una flor…”
Cuervo siempre recuerda costumbres y da sabios consejos, pero los hombres olvidaron el lenguaje de los pájaros

Camino despacio, mirando de reojo las ruinas de los tres hospitales medievales que hay a mi paso. Mi espíritu se eleva embriagado de aromas a las nubes que, en cumbres tan altas te mecen y acunan a otras épocas…
trabajan la tierra fantasmas de los monjes hospitaleros que un día vivieron en estos lares, sanando con plantas y ungüentos a los peregrinos de todos los tiempos que aún siguen cruzando aquellas sendas. Sembrada esta la falda de la montaña con los restos de los que hasta aquí llegaron y allí permanecerán esperando a las almas que se perdieron en el monte.

Aprieta el Sol durante toda la marcha que parece te nubla las ideas y entre ensoñaciones y visiones en otros tiempos de aquellos lugares mágicos; atolondrado y desorientado para resbalar y caer a la bajada la montaña, entre un camino de piedras.
Buen momento para hacer un pequeño descanso, un plátano y una naranja es todo lo que me queda y poco de agua.

Pero no hay tiempo que perder, se echa la noche rápido trayendo frío helado, mejor dormir al amparo del albergue y todavía queda lejos.

Con la jornada echada, el cuerpo molido el alma ensanchada, el atardecer caído, llego a refugio; una casa rehabilitada en una pequeña aldea, un puñado de peregrinos comentan sonrientes sentados en un banco de un gran tronco de madera, que atesora incontables aventuras y desventuras de los que a su lado se sientan.
A la entrada en un mesa rellenando papeles la alberguera, uno de los voluntarios que dan ayuda y sirven a los peregrinos.

-¿Quedan camas?

-Dos, has tenido suerte, esta es casa pequeña solo tenemos doce ¿me das la credencial?

-sip, espere suelte la mochila

Empieza a tomar mis datos
-¿nombre?

-Alejandro Montero

-¿de dónde eres?

-de las Flores…

-¿del campo?

-no, del Arroyo de la Miel

me mira

-sSip en Benalmádena un pueblo de Málaga, al sur de…

-ya sé donde está Málaga, gracias.

-cerca de donde la bella Europa se alarga en un inalcanzable beso a África misteriosa

sonríe
-profesión (que hasta eso te piden)

-poeta, si con eso le vale.

-funcionamos con donativo, se mantiene con lo que dona la gente

-ya… que somos pobres pero no mendigamos, aunque poco me queda

vuelve a sonreir

-sabe ¿qué hay más pobre que un poeta?

-No, dímelo tú

– Un poeta Andalú

Se sostiene una profunda carcajada

-¿Has comido?

-Bueno… algo.

-Arriba está la cocina, hay pan, aceite y varias cosas que han dejado otros peregrinos, come lo que quieras; pero antes te duchas, te cambias y cuando termines lo limpias y recoges todo. Ahora tengo que irme me esperan en casa; si viene algun otro le tomas nota y le das la litera que queda y si viene alguien más a lo largo de la noche ahí tienes colchones, no cerréis la puerta, viene frío, y deja la luz de fuera encendida, vaya a llegar algún rezagado o perdido, no se quede en la calle.

A la mañana siguiente, aún envuelto en las sombras de las noches continuo mi camino. En la puerta de una casa de piedra una mujer con un zagal en brazos, orgullosa, feliz, satisfecha la hospitalera.

-¡Buen camino peregrino!

-Gracias Señora, que Dios la bendiga

Verano en Hospitales

Si observas a la izquiera abajo, todavía se ven piedras de lo k fue el Hospital

caballos

Cantiga 10 “Rosa Das Rosas”

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