los Siete Libros

Relato corto de Alejandro Montero

Cayeron al mismo tiempo, inquebrantables montañas, las cuatro murallas de la Ciudad de los Jardines, arremete la horda de bárbaros con todo lo que encuentran a su paso. ¡Anatema! es el grito de aquél que los dirige, el sacrificio de toda clase de vida; ¡delenda! que no quede piedra sobre piedra. Un hedor nauseabundo les precede, hambre y pestes arrastraron por todos los rincones de este mundo; soberbia, odio y miedo son su legado.

Así sucumbe la primera de las ciudades jamás igualada hasta ahora en belleza y conocimiento; Así cae la última de las ciudades en el final de la era del hombre-bestia que devora al hombre.
En el centro de la polis una torre que funde la tierra con el cielo, pirámide que eleva un templo, sacro lugar desde donde se pueden tocar las estrellas. Sus paredes, cubiertas de jeroglíficos y encantamientos gravados en barro, retienen a la horda iracunda en la base de tan singular edificio, acrecentando su ira y su rabia, incapaces de seguir avanzando.

La masa se aparta abriendo camino a su jefe, entre vítores y gritos aclaman al que ellos llaman Rey de reyes, también conocido como el Usurpador, el Destronador, el Corruptor y muchos otros nombres, único amo de ese mundo; es de la altura de tres hombres y fuerte como legión; su cuerpo cubierto entero de escamas más duras que el acero, más ligeras que una pluma; en su cabeza un casco con el cráneo de un toro de largos cuernos rezuma por los ojos sangre a raudales a cada paso que da. En sus manos mece una maza cargada de odio, embiste con toda su rabia contra los hechizos y encantamientos, las tablas de barro vuelan por todas partes, rotas están las protecciones.
Sube el rey las escaleras, orgulloso y confiado, vencedor de todas las batallas, sus huestes le siguen hasta la entrada al templo.

De jazmines son las columnas, de flores sus alfombras, en el centro un altar cubierto de hilos atados a plumas, huesos y conchas; una vela alumbra de luces y colores, fuego que sostiene el equilibrio, una fuente de agua clara; a su lado un Sabio, su cuerpo delgado y hermoso, desnudo, de frágiles estrellas resplandece su frente, su rostro se pierde en las edades del hombre.
En una mano un sol, en la otra una pirámide de luz que abre un portal de tiempo.

-¡Dame el Libro de los Muertos!
Exige el Destronador maza en mano entrando en el interior del templo, el resto quedan fuera atrapados entre letras.

-¡Oh… qué?
Responde tranquilo el Sacerdote-Mago

Se precipita el iracundo monstruo con todas sus fuerzas contra el sabio. El Sol resplandece cegando y abrasando a la bestia, retrocede en un grito desgarrador.

-Entraste en mi santuario y aquí vencerme no puedes.

La bestia retiene toda su cólera, preparándose para un nuevo intento.

-Calla y escucha descerebrado…
Sonríe confiado el Mago
-Durante este tiempo que ahora toca a su fin, escribí siete libros; en la oscuridad del principio monté el tomo de la “Maldad del Hombre”, agotado por el esfuerzo no pude cerrarlo y dormí durante siglos; desperté y solo había kaos y desesperanza, y escribí el libro de “los Muertos”, ellos escaparon por este mundo, y dormí por mil años.

-¿Cuántos son aquellos que tienen el poder de la Muerte?
Brama iracunda la bestia, en busca de alguna pista

El mago ni se inmuta
-Ves que fácil era, simplemente que hubieras venido a preguntarme yo te hubiera respondido, no hubiera hecho falta la violencia

-¡Dime!
insiste el usurpador sintiéndose ofendido y humillado, acumulando su rabia y su ira
recargándose para la siguiente y definitiva embestida

-Son tantos como dedos tengo en esta mano los que un día tuvieron vida y ahora son muerte que cabalgan desbocados por todas las Eras.
Pero deja que continúe, no vengas entrecortándome, si yo te explico con mucho gusto hasta lo que mi conocimiento sabe, no es necesario que grites…
Cuando desperté de ese largo sueño, escribí el libro del “Espíritu” y sobro él levante esta ciudad; mientras crecía la flor más hermosa en medio de tanta oscuridad escribí el libro de los “Sentimientos” y de él nació el libro del “Amor”; del Amor el de los “Sueños y Deseos” y de éste el de la “Locura Humana” que da vida a lo imposible
…Llegaste tarde, todo está escrito ya, todo se ha cumplido, es el tiempo del fin. tan solo me resta sellar el primero los demás ya lo fueron incluyendo el que con tanta ansia reclamas
tan solo quedas tú y tu obra de destrucción.

-Dime Mago, ¿dónde escondiste el libro de los Muertos?
Se revuelve suplicante el orgulloso guerrero, sabiéndose derrotado pero nunca vencido.

-Perdido en el tiempo,si solo me hubieras dejado explicarte.
El Mago sonríe señala hacia el cielo de noche despejada.
-Mira allá hacia el ocaso marcha el Toro de estrellas, ya llega la Virgen hermosa completa de vida en exceso para un mundo nuevo, pero nada saciará vuestras ansias y devoraréis hasta los dos Peces que duermen en su vientre Santo.
Señala el Sabio hilando estrellas.

-Nada de eso me interesa…

-Pues debería… si quieres encontrar lo que andas buscando.

-Cuando los dos Peces lleguen a su ocaso alumbrará una nueva era el joven hermoso en cuerpo de muchacha con un cántaro entre las manos y ungirá de sabiduría y luz a los que fueron justos, inocentes y nobles de espíritu, los que tienen las manos limpias de sangre, y será hasta que el cántaro quede agotado.
El Sacerdote calla, perdido en en el firmamento.

-¿Y…?

-No sé, todavía no está escrito en las estrellas, pero ha de llegar en la última de las Eras el muchacho que se reconcilie con la Serpiente, será allí y entonces cuando encuentre y pueda sellar el libro de la Maldad del Hombre.

-¡Nunca!

Grita la bestia desbocada, lanzándose con todo su ímpetu en un último intento por vencer al mago.

Consumida la vela, se deshace el Altar en arena, el Sol cubre en lengua de fuego al mago, abierto el portal de tiempo.

-Vamos hermano, es hora de olvidar, ha llegado el momento de marchar para empezar de nuevo.

Golpea la bestia con todo su odio y maldad contra el fuego del mago, en una explosión devastadora que arrasa con todo lo que un día fuera inmaculado, ahora corrompido.

Allá, perdida bajo el desierto descansa olvidada la primera ciudad, la más bella y hermosa, utopía hecha realidad. Y entre sus arenas, algunas piedras, y tablillas rotas de encantamientos y hechizos que hablan del Amor, los sueños, deseos y la locura humana

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música recomendada: Aum Shanti Shanti Shanti (Om Paz Paz Paz así sín más)

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