XIII La Fragata Fantasma

Relato corto de Alejandro Montero

Emerge Sol en llamas de las profundidades, presagio del día sangriento que se avecina, la Muerte cabalga sobre las olas.
Por poniente viene la Victoria, escoltada por cuatro amantes, tiburones hambrientos armados hasta los dientes.

Puerto esmeralda despierta al repique de campanas, voces de alarma, gritos y carreras precipitadas que parecieran no estar esperando a enemigo tan peligroso.
Enfila la Fantasma por la bocana del puerto, escorada hacia levante, buscando el abrazo de Sol, sin alejarse de la costa.
No tarda la Victoria en cambiar el rumbo, abandonando la formación; no teme el almirante imperial caer en una nueva celada, convencido está de una victoria fácil en cualquiera de los casos, atraído, hechizado por las notas de un violín desafiante desde lo alto del mástil mayor del barco pirata.

Se aproxima peligrosamente la Victoria, preparada para caer sobre su presa que acorralada no tiene escapatoria alguna…

-¿Calculastes correctamente los nudos de todas las naves, la fuerza del viento, las cartas astrales, los cruces…?

-Sí capitán, tranquilo, confíe en mí, todavía nos queda algo de tiempo para observar espectáculo tan impresionante; ¿me respondería a una pregunta…?

-Mal momento elegiste para preguntas loro parlanchín, pero…dime
Mira el capitán de reojo a su segundo al mando, nunca conoció a ser tan especial, magnífico ser humano que despierta en rufián sentimientos nuevos y extraños de aprecio y confianza.

-Tengo una duda que me ronda la cabeza desde que estuvimos amarrados en puerto Tortuga… no entiendo cómo pudo sacar los cofres de oro… no observé carros por la dársena ni por mar en barcas, tampoco están escondidos en el barco… lo conozco palmo a palmo, por eso me pregunto… ¿Dónde guarda sus tesoros, capitán?

¡Están a buen recaudo! listillo.
Sonríe el capitán orgulloso de haberle vencido en algo; recobra en aspecto temerario, empuña con fuerza su espada, saca la pistola
-Maldito muchacho, ¿Para qué quieres saberlo?

-Es por si cae en éste lance, sería una pena se perdieran, podrían serme de utilidad
Sonríe pícaro el guardiamarina

-Nunca guardes dinero en bancos muchacho, son los mayores ladrones, fábrica de hacer esclavos. Yo… hice un trato con el diablo, es más de fiar que cualquiera de esa banda de buitres

Asiente orgulloso el Capitán, mira desconfiado el guardiamarina
-¡Venga ya…!

-Es cierto, firmé con el mismísimo diablo un contrato hace tiempo… cada vez que le llamo el viene y se lleva mi oro para guardarlo, con él compra las almas de usureros, egoístas y envidiosos, a cambio me reintegra lo que necesito en cada momento con solo reclamarlo y por los intereses negocia con la Muerte, alargándome esta vida de vez en cuando.
Pero dejémonos de charlas y vamos muchacho… ¿Cuándo comienza ese espectáculo del que hablas?, empiezo a ponerme nervioso, ya huelo el péstido aliento del imperio a mis espaldas.

-¡Prepárese Capitán! y admire belleza sin igual; ¡Princesa, por favor…!

Deja de sonar el canto de violín en lo alto del palo mayor; señala el guardiamarina dirección a la proa, allá hacia “levante” emerge entero Sol de su abrazo al mar, en busca va de él Luna Nueva para eclipsarle y envolverle en manto de noche sin estrellas.
De los escapardos acantilados del peñón del Cuervo enfila de frente a la Fantasma la “Barracuda” escondida entre las sombras de la Fantasma, oculta a los ojos del tiburón aturdido por la oscuridad que de repente les aborda.

Gira a toda vela hacia estribor la Fantasma buscando a mar abierto en círculo de ciento ochenta grados, dejando al perseguidor de frente preparado para la embestida de la Comandante pirata.

Regresa lentamente Sol de su largo beso con Luna, a lo lejos reluce como una estrella puerto Esmeralda. Quedaron trabadas las naves imperiales entre redes y barcas de pescadores que les lanzaron durante el eclipse, permaneciendo atrapadas en fuego cruzado entre las defensas de los muros y algunos navíos piratas que los acechan por los costados; manteniendo estrecha distancia ambos bandos en una frágil “tablas”.

Ruge en estruendo el choque de los dos mascarones de proa, la barracuda arremete contra la diosa alada, detenidas ambas naves en un seco crujir de maderas; a la par que la Fantasma atrapa al cazador por la popa. Preparados bravos piratas de ambos navíos a la señal de abordaje.

Más de un millar de infantes y oficiales aguardan el asalto formados en líneas cerradas, muro inquebrantable de fusiles calados con bayonetas y sables protegen en círculo a su almirante.

-¡Vamos señores!, ¿a qué esperan? empecemos con este baile que se nos hace tarde, o caso… tienen miedo.
Grita confiado el heredero del Imperio.

Sopesa las posibilidades del enfrentamiento la Comandante, duda siquiera poder romper posición tan defendida, ordenar el asalto les llevaría a una más que segura derrota, aun contando con todos los refuerzos que aguardan escondidos en las bodegas, atacar solo sería una masacre para ambos contendientes, el almirante imperial lo sabe.

-Os creía más valientes, pero en el fondo sois todos un atajo de cobardes. Está bien, si lo prefieren… reto en duelo a vuestros capitanes o a cualquiera otro que se atreva, si es que hay algún valiente entre tanto gallina.

Enmudece hasta el último de los piratas, nadie se atreve, la Comandante calla, el Capitán pirata se hace el despistado.
-¡Yo! acepto el reto.
Alerta el guardiamarina desde la Fantasma

-La rata salió de su escondrijo. Ven hermano deja que te de un abrazo, he venido de muy lejos para encontrarte.
Abren la muralla los infantes, abordan algunos piratas la Victoria, el guardiamarina va delante, el Capitán a su lado, la Comandante y sus oficiales atraviesan sin miedo las líneas enemigas.
Frente a frente los dos vástagos del emperador preparados para el lance.

-Hágase con la “Victoria” el vencedor de este duelo
Propone el guardiamarina.

-Y la dama…

-Eso a de discutirlo con ella… pero antes tendrás que pasar por encima de mi cadáver.

-Eso será fácil, me llevará solo un momento.
Cruce de sables antes de empezar el duelo, de miradas cargadas con odio.

-¿Sabes bastardo lo que dicen las marcas gravadas en tu piel?

-“Solo puede quedar uno”

-Sea pues…

Arremete con ímpetu el Almirante, se sabe superior en destreza y fuerza; el guardiamarina apenas puede fajarse del aluvión de estoques que le acosan por todas partes.
Tensa calma que hasta el viento se detiene, nadie quiere perder detalle de tan dramático envite, aguardan todos impacientes el trágico desenlace.

Poco dura el enfrentamiento, mucha sangre derramó antes la espada del Almirante, ninguna la del guardiamarina. Y en un desplante, el frío acero atraviesa el pecho del joven pirata, partiendo su corazón en dos.
El vencedor saluda sonriente a los vítores de su tropa, enardecidas por tan fácil victoria.

Recula el guardiamarina herido de muerte, cae en los brazos del Capitán.
-Maldito loco ¿Era este tu gran plan?, ¿para esto nos trajiste hasta aquí?
Acaricia el rostro de su segundo al mando, de su fiel compañero de viajes.
-Dime loro parlanchín ¿dónde escondiste los tesoros que en tu corazón guardaste? acaso ¿han de perderse en las profundidades de este mar? bien nos hubieran hecho falta

Devuelve con tierna sonrisa el guardimarina a su querido capitán; busca último esfuerzo en lo alto del palo mayor a su amada, princesa de su imposible cuento de hadas, para morir ante tan hermosa visión.

Atravesado el corazón de la princesa por el mismo dolor de aquél que muere por su amor, cruce de miradas de enamorados, le despide en la distancia con un adiós, susurra entre dientes
-Hasta que nos volvamos a cruzar

Se revuelve el Almirante buscando en lo alto del palo mayor de la Fantasma.
-¡Vamos princesa! Se acabó esta aventurilla, baja del palo, nos vamos; has de cumplir con los acuerdos y capitulaciones matrimoniales que firmaron nuestras familias. Ya perdí demasiado tiempo por estos lares, he de regresar para reclamar y gobernar mi imperio. Prometo si vienes conmigo que no te castigaré por esta locura, pero has de dar tu palabra de no volver a escaparte.

Enmudecen los piratas, rabiosos ante tan dolorosa humillación.
Se despide Luna Nueva de su amado Sol.

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