XII la Fragata Fantasma

relato corto de Alejandro Montero
dedicado a Dalila

Regresa a los primeros rallos del alba el Capitan dando tumbos de un lado a otro, protesta y maldice a boces intentando llegar al camarote. En el interior le espera sentada en una silla, adormilada entre ensoñaciones, la princesa, recostada sobre la mesa.

-¿Viste lo que hicieron esos bastardos del emperador en mi barco? Uno me lo revienta y el otro me lo transforma en un híbrido de carguero, más k la “Fantasma” parece un alma en pena…

-Dijo que ahora será más ligero, rápido y puede embarcar a más hombres que aborden la “Victoria”

-¿Sí… Qué más te dijo.
Busca el Capitan a la Princesa ávido de respuestas

-…Nada, pero! ¿dónde está?

-Quedó retenido en los calabozos hasta que se ejecute la condena

-¿Cómo?
Busca angustiada mirada la princesa, en unos ojos de tiburón escurridizo

-No pude hacer nada, bien sabes… tomó decisión la asamblea, dictada está su sentencia.

-¿Qué…?

-Van a lincharlo en la plaza dentro de un rato

-¿Cómo puede ser eso?
Se revuelve la Princesa cual gata arrevatando de la carcasa la pistola al Capitán.

-No podrás detenerlos… esa comandante se la tenía jurada

-¿Dónde se esconde esa harpía, esa comadreja que se hace llamar Barracuda?
Apunta en el entrecejo del capitan

-Al final de la dársena, en el pueblo marinero tiene una casa de citas, andará preparándose para dar la orden para que comience el escarnio público…

Vuela que no corre la princesa entre la gente, en busca vá de la Comandante.
Sonríe a carcajadas el capitán a la marcha de tan inocente niña, llama a sus hombres
-Vamos Caballeros sacad un par de barriles de ron y vayamos a celebrarlo…

En una calle apartada de entre casas de pescadores y chozas de paja, deslumbra de luces y sedas de colores tan peculiar casa.
Detenida la pirata en la puerta, se acicala la princesa.
De la ventanas la obserban curiosas un ramillete de cortesanas, sonríen y comentan asombradas ante la belleza de la muchacha. Abren la puerta.

-¿Sí? Sonríe una altanera moza de piel morena.

-He venido a hablar con la señora de la casa

-Pase, la recibirá encantada

Entra la Princesa, pistola en mano. Embriagada de perfumes e inciensos del lejano oriente, nunca lo sintió tan lejos. Bellas mujeres de lugares distantes entre cojines y plumas la obserban fascinadas resoplan suspiros, risas y cuchicheos. En las escaleras la más fascinante dama, ni siquiera ella misma de capitana.
-¡Vamos! mátame…, no se eche ahora atrás, si vino a eso.

-No, solo quiero…
Entrecortada sin resuello la voz de la muchacha, mantiene digna presencia, ahoga lágrimas.

-¿Qué? Acaso te cansaste de ser pirata y buscas un nuevo trabajo, aquí serás tratada siempre como persona el tiempo que quieras estarlo; tú decides lo que ofreces, tal vez sonrisas mimosas, o azotes con fusta, de todo gusta en esta casa, señala a algunas muchachas entre replique de sonrisas cómplices.

-No, disculpe, no me trajo eso
Recupera el aliento la princesa pirata

-Quizás vino entonces a disfrutar de la sensualidad de placeres hasta ahora nunca antes experimentados, aprenderías entre expertas manos. Y si lo desea… tambien disponemos de mancebos.

-Tampoco, quizás en otro momento…
Se sonroja la recien llegada, todas comentan entre ellas.

-Entonces ¿qué?, dinos ¡ya! muchacha, que nos tienes en ascuas
Aguardan atentas

-Vengo a suplicarle que no lo maten

-¿Y por qué habría de no hacerlo?

-Porque él me encotró cuando estaba perdida y me enseño a volar sin miedo. Porque a pesar de ser un truan descarado que se las da de mucho, en el fondo es un niño roto que llena de belleza un mundo donde solo hay muerte. sea porque es bueno.
Reclama como las princesas consentidas

-¡Anda ya niñá! Dejaté y ven, harás los honores; a saber que te habrá contado ese mal nacido que tienes por capitán.
La arrastran las muchachas por las escaleras en voladas la sacan a la terraza.

-Dame esa vieja pistola no acertarías ni a tres cuartas, y guarda esta, llevalá siempre cargada, nunca falla.
Envuelta en un pañuelo de terciopelo una pistola de incustraciones de piedras preciosas, plata y nacar.

Levanta el brazo la Comandante de los piratas, dispara a Sol con una vieja pistola y en la plaza sueltan al guardimarinas cubierto de brea y emplumado de pies a cabeza, corriendo como un pollo, algunos le dan empujones, otros con con cañas y palos, otros le tiran frutas, loS más le animan y le cantan vítores.

¡Salve emperador de los piratas! Chanzas y carcajadas.

Llega el guardimarinas fajando diganamente cada golpe, agradeciendo cada palabra de ánimo, resvala en varias ocasiones tratando a duras penas de alcanzar el balcón, para rescatar de su dama el pañuelo de terciopelo.
-Bella

-Lindo
Le besa para golpearle con fuerza en el rostro
-Te estuve esperando toda la noche y me tenías preocupada, que no vuelva a ocurrir algo como esto, si te quieres ir de fiesta a la noche, antes me avisas.

Cae el guardimarinas, le recogen entre todos y le tiran a la mar salada, para que limpie por fuera y por dentro.

Hierve el ambiente en Puerto Esmeralda, animados trabajan unidos hermandad de piratas, prepándose para la batalla que se aproxima, cada uno que lucha a tu lado es importante, les va a todos la vida en ello.

barcos-piratas

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