XI la Fragata Fantasma

Relato Corto de Alejandro Montero
dedicado a Antonia

Pavoneándose cual gallo de pelea camina orgulloso el capitán pirata por la dársena de levante camino de la taberna donde les aguardan en asamblea de capitanes; a su diestra vestida de seda carmesí, con rostro impertérrito enmascarado en polvos de arroz y sombrero de tres tiros, la princesa de Oriente; a la siniestra, orgulloso y altanero, el guardiamarina nuevo y radiante “primer oficial de la Fantasma”, saluda galante a jóvenes y damas de alcurnia que le devuelven entre abanicos sonrisas y guiños.

Nadie en el puerto quiere perderse a visitantes tan…inusuales. El murmullo de los cuchicheos se arremolina entre el tintineo de los aparejos y el rumor de las olas que golpean las naves afondadas en el puerto.

-Vamos capitán, entre, no se demore, que esperamos impacientes nos muestre el preciado botín que pescó por estos mares y díganos si ya puso precio a tan hermosos tesoros, quizás podamos llegar a un acuerdo para pedir rescate.
Avisa entre carcajadas desde el interior la Barracuda rodeada de bravos lobos de mar que brindan con jarras de ron; llena hasta los topes la taberna que no cabe ni una mosca más.

-Prefería enfrentarme en este momento a ese almirante de pacotilla y a toda la armada imperial antes que a esa arpía de lengua bífida.
Susurra el capitán entre dientes a los jóvenes enamorados mientras entran entre ademanes forzados y saludos a los presentes.

-No comprendo tanto alboroto, tan solo son mi primer oficial y la vigía del palo mayor, no tienen precio ni están en venta.
Contesta el capitán a la comandante, tratando de quitarle hierro al envite.

-¡Calla Canalla! Que a ti ya te conocemos y deja que sean ellos quienes se presenten. Primero la dama…

Enmudece el público, atento a todo detalle.
Da un paso adelante la muchacha, reverencia que realeza obliga aunque esté entre rufianes y criminales.
-Nací hija de la emperatriz de Oriente, princesa de la vigésimo tercera dinastía, primogénita en el orden sucesorio. Prometida al primer hijo del emperador, heredero de un imperio, dueño del mundo; pero cuando fui enviada, mercancía de cambio, escapé de mi destino para unirme a la “Fantasma”, y esa es mi voluntad y mi deseo. Pido ser admitida en la hermandad pirata.

-Serás proscrita y perseguida.

-Es qué alguien aquí no lo es.

-Pondrán precio a tu cabeza.

-Es qué la suya no la tiene…
Cruce de miradas de  mujeres altaneras

-Está bien, habló una princesa, decidan damas y caballeros si la aceptan como a una más.

Claman al unísono los presentes, también los que a las puertas y ventanas se agolpan, embelesados ante la belleza y gracia de gentil muchacha; nombrándola por aclamación “princesa de los piratas”.

-Sé bienvenida niña a la fraternidad, que los vientos te sean propicios y las olas te guarden de los que atacan por la espalda. Y ahora vos… caballero, díganos de dónde viene y cuál es su historia.
Busca mirada felina la Comandante al joven guardiamarina. Guarda nuevamente silencio la sala.

-Yo no soy nadie, ni tengo títulos ni riquezas, soy solo un truhán que se crío en los astilleros del Norte, allí aprendió de todo un poco y cuando tuvo edad embarcó en un mercante como cualquier otro muchacho sin futuro, y de allí hacia acá me trajeron venturas y desventuras, siempre dispuesto a servir a los capitanes con los que he navegado… solo eso. Ahora pido de igual manera ser aceptado como pirata.
Muestra la mejor de sus sonrisas en grácil reverencia a los presentes. En silencio acogen la actuación, parece no haber convencido a nadie. Y de un puntapié en las nalgas el capitán lo manda frente a la Barrucada, que le espera pistola en mano para apuntar en su frente.

-Mira muchacho, acaso crees que engañaste a ese viejo lobo de mar que anuda la soga para echártela al cuello, y aquel otro que afila la navaja ya te puso su único ojo cuando corrías desnudo; crees que no te olí nada más amarraste la “Fantasma”, es qué piensas que no vi antes las marcas de tu maldito linaje gravadas en tu piel, que no sé que eres un bastardo del emperador, que por tus venas corre su imperial sangre. Más te valiera haber dicho verdad y no tratar de engañarnos.

¡Ohhh! exclama al unísono la acompaña

-Aguarde mi capitana, quizás olvidé algunos detalles sin importancia, ni consideré tuvieran relevancia, pero no dije mentira alguna.
Se revuelve el guardimarina, para encontrarse en la mirada de la princesa que le observa desconcertada y perdida.
-Entiendo que a muchos de vosotros el imperio os robo bienes y familia, que os echasteis a la mar acosados y perseguidos, que el emperador puso precio a vuestras cabezas. ¿Qué pensáis que mi vida fue un camino de rosas? esta vida no vale nada. Cuando mi madre se sintió preñada huyó a las tierras heladas del Norte y allí me crié, como dije, temerosos nos descubrieran, como así fue que un sirviente avaricioso denunció a mi familia, a todos los colgaron en la plaza, a mi madre la quemaron por bruja traidora, por no entregarme a una muerte segura, recién nacido. Y si a ustedes le acosan sus altezas imperiales, a mi me odian, soy un posible aspirante, rival en potencia ¿Cuál es mi culpa?, haber nacido marcado. Solo pido ser aceptado como uno más, y si he de ser emperador que lo sea de proscritos y refugiados que no del imperio.

Dividido el público, discute acaloradamente en posturas enfrentadas, que si bien las mujeres mayoritariamente le defienden los varones piden la horca.

-¡Muerte al Emperador! Ese es nuestro lema.
Grita la Barracuda enfilando la pistola buscando el pecho del guardimarina, escondiendo su mirada en el punto de mira una gran pena. Enmudece de nuevo la sala.

-¡No!
Grita la princesa, poniendo su cuerpo delante del condenado que la pistola apunta su rostro.

-Quita niña o te vuelo la cara, esto no va contigo.

-Te equivocas, sí va conmigo porque solo él me ayudó y protegió cuando más sola estaba, porque también sé lo difícil que es nacer con esas pesadas cadenas, no dejaré que lo haga…

-Está bien, si ese es tu deseo, aquí acabarán vuestras vidas.
Levanta el percusor la Barracuda

-Permítame Comandante que alce mi voz en defensa de este loro parlanchín, pues a mi lado ha navegado valiente y leal como el que más, algo petulante y muy pedante, pero entrañable…
Da un paso el capitán en defensa de su oficial.

¡Calla canalla!, o acaso también queréis morir vos.

-No, mi bella señora.
Retrocede abogado defensor, temeroso de unir su suerte a la del condenado.

-Está bien, acepto la pena impuesta y la acojo sin oponer resistencia, pero antes de marchar al Hades, permítame señora unas últimas palabras.
Apartando a la princesa de su lado, busca desafiante el guardimarina a la fiscal acusador, con mirada del que se sabe lo tiene todo perdido.

-Como ya todos sabrán, la “Fantasma” enfrentó a la “Victoria” dejándola herida que no muerta, ya habrá llegado a Puerto Príncipe reparado desperfectos, armándose hasta los dientes; como algunos ya sabéis la Victoria tiene más de ciento treinta cañones, a los que habría que sumar otros tantos de las dos naves que la escoltan, además es posible se les unan alguna fragata más… y según mis cálculos en una semana estén a la bocana del puerto arrasándolo todo a fuego, no dejarán títere con cabeza.

-Que vengan, les estamos esperando
Grita entre vítores un avispado pirata.

-Se equivoca caballero, sin duda esto será una ratonera, nadie saldrá de aquí con vida, y vuestra comandante lo sabe. No tenemos oportunidad alguna frente a ellos.

-Y si ya lo sé, de qué me sirves muchacho…
Se levanta desafiante la Barracuda cogiendo al guardiamarina por el pecho.

-Porque tengo un plan, una estrategia, para vencerlos y vosotros… no.
Devuelve en cruce de miradas con la comandante el joven oficial de la Fantasma, orgulloso, seguro y confiado.

-Bien, bastardo, eres igualito a tu padre, escuchemos que nos propones y da gracias quizás vivas un día más para contarlo.

Envueltos capitanes entre cartas, mapas y botellas de ron, atentos a las propuestas del primer oficial de la Fantasma, discuten acaloradamente las posibilidades de una “Victoria” imposible. Mientras la princesa abandona la taberna tranquila y confiada, sintiéndose por primera vez una más entre tantos, disfrutando de un nuevo amanecer en puerto Esmeralda.
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Música recomendada
The Corsairs – Yo Ho Ho (And A Bottle Of Rum)

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