el marqué y el matarife

Relato corto de Alejandro Montero
dedicado a mi tierra

Helada amanece la plaza, corta el frío al aliento de los jornaleros que esperan arrimao a las candela.
Traquetean las jaca bajando la calle Reá, ya viene el marqué, trahe corto, zahón de cuero bordao, y sombrero cordobé; a la guarda de una pareja de bragaos con pistolas, ofreciendo a voces peonás.
-Pago a perra chica el jorná pa í a vareá el olivá

Un puñado de hombres duros y callados se le ofrecen, elige de entre los que mejor le bailan.

-A ti también te contrato matarife, a ti te la doy gorda, tengo que matá unos pollos en el corrá.
Sonríe la acompaña

-No trabajo pa usté señorito, ni le corto el cuello a sus gazapos.
se revuerve el peón cruzando la mirada del lobo con la del amo.

-Vamos Pacheco, lo pasao… pasao, pelillos a la má.
Dice la escolta tratando de enfriá los ánimo cardeaos.

-No conozco la má salá señorito, ni nunca estuve en la costa, yo soy hombre de monte.
Marcha el matarife afilando la faca carnicera camino la tasca.

Detrá le sigue el Marqué buscándole para jaleo, en la barra lo encuentra pidiendo un corajillo al mesonero.
-!Mira Pacheco¡ si no quiere vení no vengas, pero estoy pensando que quizá vendría bien al ama que mandaras a tu señora, pa serví limpiando el cortiho, y me mandas también al muchacho, no al pequeño que tiene mirá de perro y es floho como el padre, mehó me mandas ar mayó parece más inteligente; y te doy una rubia por los do, pa que vayas tirando.
Echa la peseta en el escupidero.

-¡He dicho que ninguno de mi familia le servirá a usté señorito¡
Se lanza el matarife navaja en mano que en er cuello del marqué la cuchilla afilada detiene en seco, dejando un hilillo de sangre a su paso.

-¡Vamos perro, córtame la traquea si tienes cohones, pero hazlo mirándome a losojo como hacen loshombre!

Duda el que mató tantos borregos, tantos cochinos, tantos pollos, tantos de todo… pero ni a un solo hombre
-¡No puedo!

Suelta el puñá que a palos y patá lo sacan pa la calle, lo amarran de una cuerda a la jaca.
-Todos lo habéis visto, ¡ha intentado matarme! lo llevo a la ciudá pa que sea juzgao y al que diga otra cosa también me lo llevo por delante.

Que a la noche lo corren por la serranía camino los tribunales con cuatro voces y el eco sonoro de un disparo; a la mañana devuerven sus restos con un tiro a la esparda y los huesos molíos al caer despeñao.

Que el marqué al juez le cuenta que era un rufián, un bandolero infiltrao, un anarquista, un endemoniao.
Que su ley siempre protegió a los fuertes y encadenó a los rebelde y a los desgraciao.
Y por supuesto quedó demostrado que el matarife intentó huir en la montaña para unirse a la guerrilla y tuvieron que, lamentablemente, abatirlo de un tiro antes de que escapara.
Que las fiscalías y tribunales aceptan por ley la palabra de las autoridades y uniformados vengan de dónde vengan.
Y a la calle sale el marqués a los tres días como el Resucitao, limpio de porvo y paha, entre vítores de sus paisanos, que no escucha las maldiciones de una esposa descarnada de rabia y locura, ni se entera emocionado por las aclamaciones que en la puerta le espera una escopeta clavada en las costillas atrapada en las manos de un muchacho.

-¡Vamos hijo de un perro y una puta, pégame un tiro y déjame tieso, pero hazlo mirándome a losojo como hacen loshombre, ¿o eres tan cobarde cómo tu padre?!
Busca creyendo los ojos de un siervo pa encontrarse con los… suyos propios y una posta en el pecho que lo clava en el suelo tan frío en el último suspiro como la mirada de un marqués con corazón de jornalero.

señoritoaceituneros

música recomendada: Andaluces de Jaén Jarcha

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