el 10%

Relato corto de Alejandro Montero
dedicado al sr. Rueda

Andaba perdido entre mis mundos en aquella plácida tarde de invierno, asomado a la ventana observaba las gaviotas en el patio del colegio recogiendo los pedazos de pan que a los niños se les caía de los bocadillos durante el recreo.

De repente algo de lo que comentaba el profesor, el Rueda, recobró mi interés por un momento…
“El ser humano solo utiliza el 10% de su capacidad mental, pero yo estoy aprendiendo a usar más y ya puedo atravesar paredes y a comunicarme con la mente…”

Es lo único que recuerdo de aquella clase y de muchas otras, qué más se le puede pedir a un niño de unos 12 años que cada curso se sentaba cerca de las ventanas.

Y nuevamente mi pensamiento se perdía en aseveración de aquella broma…
¿Cómo es posible saber que solo utilizamos el 10%?
¿Cómo se puede tener algo que no se usa?, ¿qué sentido tiene tenerlo?, ¿para qué…?
¿Qué universo oculta ese 90% de desconocimiento?
¿Por qué no nos enseñan a desarrollarlo para poder descubrirlo?
¿Por qué nos nos enseñan a atravesar paredes y a comunicarnos con la mente?
Así permanecí en un mar de dudas entre las ensoñaciones de la tarde…

La campana del colegio sonó para regresarme al final de las clases; como buen corredor ya estaba preparado, los libros y libretas, los lápices y bolígrafos guardados en la maleta; el abrigo puesto y tras el profesor salía a toda prisa sin correr, estaba prohibido en los pasillos … aunque no en la calle, buscando la parada del autobús nº 11 que lleva del colegio desde el Palo hasta la entrada del Parque a la altura del Puerto, para volar hasta el tren que me
llevaba a la Costa.

Asomado a la ventana del tren de regreso a casa, deslumbrado por Sol ocultándose por poniente, veía marchar los aviones saliendo del Aeropuerto con dirección a lugares lejanos y encontraba una respuesta a tantas preguntas.
Quizás sea porque requiere voluntad y esfuerzo para enseñar también para aprenderlo que en algún momento nos acostumbramos a vivir solo con el 10% de lo que somos.
Al fin y al cabo qué más se le puede pedir a unos seres que se dedican a mirar a través de ventanas en los atardeceres soleados del Colegio.

Fachada_actual_colegio
colegio San Estanislao de Kostka, el Palo Málaga.

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