la última estación

bajo una cruz envuelta en llamas
que soporta mis miserias humanas
recostado en un trono de piedra
sobre la cima de una montaña de huesos
de todas las vidas que han sido y son
golpeado por lluvia de hielo
que atraviesan mi piel
me arrojo al abismo de oscuridad
abierto bajo mis pies

transportado entre el traqueteo de un tren
que me traslada por tierras de humo y sombras
y al llegar a cada apeadero
me espera la misma mujer
extiendo mi mano invitándola a subir
me mira sonríe se despide al partir
perdiéndose difuminada en la distancia

y al marchar colgado de una pared
el mismo reloj dormido al tiempo
que avanza y retrocede a la vez
y tu nombre reflejado en cada andén
me lleva por un instante
entre cristales de luces y colores
a golpes de sensaciones en mi frente
en recuerdos de paisajes familiares
que se pierden para siempre
saliendo por mi nuca en explosiones
de lágrimas de mujer
que ascienden por una montaña de huesos

y parto
camino de la última estación
del último viaje
de la última vida
de este mundo
y tú en él

eternamente

con él

pluma

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