X la Fragata Fantasma

Relato corto de Alejandro Montero
dedicado a mi princesa del Oriente

Enmudece puerto Esmeralda a la llegada de la Fragata Fantasma que, nunca hizo tanto honor a su nombre, destripada, humeante de maderas abrasadas de hierros retorcidos y velas quemadas oliendo a pólvora y azufre; la tripulación de esqueletos famélicos y heridos en el cuerpo y el alma, pero no sometidos sus corazones ardientes de valerosos piratas.

-Eh!!! capitán, ¿te topaste con la Victoria? tuviste más suerte que el “Calamar”, ya subiste un escalón en los “más buscados”, te tengo a la espalda, puedo oler tu apestoso aliento.
Bromea entre risas desde la dársena la “Barracuda” intrépida comandante pirata, capitana de capitanes, impulsiva, cautivadora…
-Vamos viejo amigo, amarra ese cascarón al muelle y vamos a la taberna, he convocado asamblea de piratas, estáis todos invitados.

Busca el pirata a la chiquilla recogida entre llantos en su atalaya
-No te muevas de ahí arriba, ni se te ocurra… este es un puerto peligroso para princesas lloronas. Y tú chico listo, a ver hasta cuánto lo eres, en la mesa de mi camarote hay un cofre con seis monedas de oro y diez de plata. Tienes tres días con sus noches para dejar a la “Fantasma” como estaba en aquel mar de luces. Dejo la tripulación y mi barco a tu mando, pero como te vea en lo alto del palo con ella, te aviso que en esta no fallo.

Desembarca el capitán, saluda a la Barracuda y a muchos otros, y marchan en algarabía a las tabernas.

Se apoya el guardiamarina sobre el puente valorando los daños, la tripulación extenuada, al límite. Penar por el llanto incesante de su amada sola en medio de ninguna parte.
-¡Eh muchachos! fuisteis valientes, hubierais luchado hasta la muerte, como aquellos compañeros que ahora reposan en el mar. Tomad un doblón de oro y repartidlo, os la habéis ganado.

Marchan al anochecer los marinos contentos en busca de placeres mundanos que aderece vida tan dura. El guardiamarina cae rendido a los pies del palo mayor, queda dormido acunado en un cielo de estrellas y mecido por Luna de la cosecha que marcha cansada…
Despierta al alba con las notas de un violín desgarrado, baja a puerto Esmeralda; observa, escucha entre corrillos, presta mayor atención a carpinteros y herreros que andan quejándose, no hay ni un tablón ni un clavo en todo el puerto.
Vuelve al atardecer cabizbajo y preocupado, se encierra en el camarote entre planos, sale en varias ocasiones recorriéndose cada palmo, hasta las entrañas tomando notas, para regresar en voladas al camarote absorto sin ver llegar el anochecer y con él, al capitán pirata.

-Eh! muchacho, veo que no has progresado mucho en la reparación de mi barco
Carcajea el capitán al entrar al camarote.

-Bueno eso puede parecer a primera vista, estoy solventando algunos contratiempos de suministros que ha producido el bloqueo, pero estoy seguro que mañana encontraré una solución, confíe en ello señor.

-No me cabe duda loro parlanchín que dejarás mi barco como nuevo.
Sonríe incrédulo el capitán.

-Y a usted ¿cómo le fue en la Asamblea?

-Banda de rufianes, gritan, discuten y pelean, pero no acordarán nada. Estoy dándoles su tiempo para que desahoguen. Mañana será otro día.

Se acurruca el guardimarina bajo el palo mayor, silenciado el violín. Cargada de nubarrones cae la noche, ocultando Luna y estrellas.
Despierta el guardiamarina entre un mar de dudas, no hay nada en puerto que le sirva o sí… salta presto por el bauprés, pasando entre los estayes del trinquete y foques. Otea con el catalejo observa atento cada barco, sus ventajas y desventajas, enfoca en uno, aquel…

Desde el refugio del palo mayor unos ojos furtivos le siguen curiosos

Corre el guardiamarina entre el esqueleto de la Fantasma buscando la campana, llamando a la tripulación para que regrese a bordo y vuela como cormorán cargado con un cofre bajo el hombro, saltando de navío en navío, contando cañones. Se detiene en el nave de la Barracuda, allí anda la comandante despertando al alba.
-Buen día Señora, si me permite…

-Dime
Se revuelve la capitana, curiosa ante visita tan inesperada.

-Veo que tiene un buen barco de guerra potente y bien armado, podría resistir durante varios asaltos a la Victoria, pero dudo que pudiera alcanzarla con una sola bala.

-Sí, puede ser cierto, pero para eso están las estrategias y los ataques conjuntos, ¿no crees muchacho?

-Claro, una comandante pirata ha de destacar por su astucia ante las adversidades. Veo que también tiene un carguero, no es muy grande pero me interesa con carga y todo, quizás quisiera venderlo.

-No tenía pensado hacerlo, tampoco es que me haga falta, me sirve para guardar la carga que sobra, solo tiene lonas para reparar las velas.

-A la Fantasma le hacen falta ahora

Aprieta la mirada la capitana sorprendida ante muchacho tan elocuente
-Está bien, te lo dejo en seis monedas de oro, con carga y todo

-Cuatro.

-¿Cómo? ¿estás tratando de regatearme? debería colgarte por tal atrevimiento, pero me has hecho gracia, te lo dejo en cinco y no bajo, no tientes tu suerte.
Frunce el ceño la Barracuda con cara de pocas bromas

Se echa el guardiamarina mano a unos bolsillos vacíos
-Cuatro y esta pulsera de caracolas

Sonríe la capitana
-Eso no vale nada

-Para mí sí, es el único recuerdo que tengo de mi madre

-Está bien muchacho, me has tocado el alma, te lo dejo en cuatro y todo lo que llevas puesto

-¿Todo? ¿hasta los calzones?

-Puedes quedarte con la pulsera, sinvergüenza, querer engañarme con algo tan serio como una madre

Sonríe la Barracuda viendo correr desnudo al guardiamarina camino de los gremios. Todos a su paso le miran asombrados.

-Atención señores la Fantasma contrata a los mejores profesionales de este puerto, carpinteros, herreros y tejedores, una moneda de plata al empezar el trabajo otra cuando esté terminado. Nosotros ponemos los materiales.

-Yo iré, si me llevas a luchar contra los imperiales, si tienes huevos de presentarte así ante nosotros también los tendrás para hacerlo ante ese almirante petulante.
Grita un fornido herrero en medio de un estruendo de voces, chiflidos y carcajadas

-Yo también iré…

– Y yo…

Camina tranquilo y confiado el guardiamarina hacia la Fantasma, saludando a capitanes y tapándose con las manos ante las damas, seguido de un ejército de artesanos.

Desde el palo mayor le observa un catalejo, cambiando lágrimas por asombro, lamentos por sonrisas.

Encuentra a la tribulación preparada para recibir órdenes, se escapan solapadas bromas y risas. Desde el puente de mando el capitán observa asombrado espectáculo tan estrambótico.
-Traigan, caballeros el carguero junto a la Fantasma, descarguen las lonas y desmonten hasta el último clavo nos hará falta. Dense prisa, devolvamos cuanto antes su esplendor a la única madre que nos queda.

Corren los marinos en busca de presa tan deseada y como hormigas la desarman. Anda entretenido el guardimarina, distribuyendo planos y órdenes para que todo quede perfecto y no haya ningún problema.

Se acerca al muelle un oficial de la Barracuda entre prisas y aspavientos.
-Capitán! la comandante llama a nueva Asamblea de capitanes al caer la noche y requiere la asistencia de sus últimas y exóticas adquisiciones.

-Como ordene nuestra capitana. Caballero, allí estaremos.
Busca el capitán a pareja tan extraña
-Venid muchachos, buscad algo en mi camarote para poneros encima; tú como mi segundo al mando, y tú como lo hacen las princesas en el Oriente, ha llegado la hora de hablar en serio.

En el camarote del capitán entre baúles de ropas de piratas y vestidos de señoras, entre espadas y joyas, mapas y cartas, la mirada perdida de dos enamorados incapaces de ver más allá de sus cuerpos desnudos.

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