El libro de sellos

Relato corto de Alejandro Montero
me reservo la dedicatoria

Recuerdo aquello como si se estuviera recreando frente a mí en este momento con todo lujo de detalles.
Tenía 12 años, intercambiábamos sellos los niños de la clase en el colegio; quería unos de un amigo pero no me los cambiaba, los guardaba en un bonito libro de sellos.
Sonó la campana de la tarde para volver a casa, me hice el despistado recogiendo algunas cosas esperando que hubiese marchado aquel niño.
Siento el pulso acelerado y la tensión que sentí entonces, la respiración entrecortada.
Cogí aquel libro de sellos y salí haciendo las mismas cosas que cada tarde camino de casa entre un montón de sensaciones desbocadas y enfrentadas. Esa noche disfruté de aventura tan apasionante, me sentía seguro y confiado, mi plan había salido perfecto y podía contemplar mis nuevos sellos, los miraba, los sacaba, los recolocaba, lucían como un tesoro en su libro de sellos. Antes de acostarme los escondí en un armario entre cajas y ropa.

La mañana siguiente, entrando por la puerta de la clase, estaba el niño hablando con el cura. Como el resto busqué mi silla, me senté. Estaba petrificado, mi mente se disparaba en las consecuencias… me echarían del colegio, la reacción de mis padres…

-A ver, escuchadme, vuestro compañero ha perdido su libro de sellos, si alguien lo ha encontrado por casualidad que por favor se lo devuelva.
El niño echó a llorar.

No podía creer lo que estaba pasando, la que había liado sin ser consciente y sin embargo solo veía la cara de ese niño llorando.

El libro nunca apareció, sigue rodando por el armario, nunca fui capaz de volver a abrirlo.

En mi vida he vuelto a coger ni robar nada de nada, se me ata un nudo en el estómago solo de llegar a pensarlo siquiera para comer, he preferido pedir en la calle cuando recorrí aquellos caminos, moriría de hambre antes de coger algo de otra persona.

No he sido padre, el instinto me dice que sería capaz de hacer muchas cosas por ellos, robar para que coman sin duda.

Pero lo que nunca haría sería robar de los que no tienen ni para comer, ni siquiera para darle a mis hijos… serían demasiadas caras para recordar.

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