VIII la Fragata Fantasma

Relato corto de Alejandro Montero

Deslumbra Luna azul en cuna de estrellas de plata, dando respiro al sofocante calor que acosa a la Fantasma en las mañanas. Ya llevan veinticinco días clavados en la desesperación y la lenta agonía de una muerte cercana. Arrojaron Algunos cuerpos por la borda en solemne despedida.

-Capitán la tripulación está…

-Ya sé cómo están esos esqueletos harapientos, no necesito ningún loro parlanchín que venga a recordármelo. Poco les dura la alegría y menos la confianza en su capitán.
Vocifera el capitán dando bandazos de un lado al otro del puente de mando, cargado con rollos de mapas y de instrumentos extraños, haciendo cálculos y cábalas.
-Avisa a ese mono de mal agüero y venid, he de mostraros los secretos que esconden las maravillas de esta bóveda que nos envuelve.
Apenas ha terminado de hablar el capitán, se descuelga el vigía sobre sus cabezas. Señala el capitán hacia el horizonte buscando la vía láctea
-Mirad allí, unidas por hilos invisibles se forman las constelaciones, esa es Orión y aquella Escorpión, son las más brillantes. Y allá está la Osa Mayor y su hermana pequeña la Menor, a la cola está la Estrella Polar, la más cercana al norte… y mirad esto es un astrolabio con el que podemos medir la latitud, incluso la hora

-¡Oh! sí capitán el astrolabio es un instrumento muy útil pero ha quedado desfasado, la Armada Imperial apenas la usa ya. Ahora se utiliza el sextante que es mucho más preciso y además puedes calcular los ángulos entre…

-Calla loro parlanchín o te arranco la lengua, ¿crees qué lo sabes todo, listillo? Pues asómate a la borda y dime qué es eso… Señala el capitán sobre un océano cubierto de luces azules tintineantes tan hermosas y bellas que deslumbran la vía láctea, entre ellas un banco de sirenas saltan y bailan.
Extasiados ante espectáculo tan hermoso, ninguno a bordo siente como suave brisa besa las velas, crujiendo los cabos; hasta hacerse arrogante viento.
Rompen las carcajadas de capitán espectáculo tan mágico
-Vamos caballeros, es hora de volver a tierra, cada uno a sus puestos. Y tú chico listo, te dejo al mando de la Fantasma, llévanos a puerto Esmeralda, tengo una cita con la Barracuda. Recordad este lugar perdido en los mapas y las estrellas, porque algún día desearéis volver.

Calcula el guardiamarina apuntando el astrolabio a la Estrella Polar, rectifica sobre los mapas algunos grados.
Una racha viento revolea el sombrero de tres tiros del vigía, dejando su rostro al descubierto; el guardiamarinas lo caza al vuelo, lo devuelve en cruce de miradas.
-¡Pero…!
Enmudece al descubrir los secretos que guardan las estrellas reflejadas en sus ojos.
-Será mejor que le pongamos un cordel a este sombrero, para que no se vuelva a volar.
Lo coloca sobre la cabeza del vigía, y pone viento en popa.

Ella pone sus dedos con suavidad sobre las manos fuertes que agarran el timón de la nave
-En tus manos pongo mi vida porque fuiste el apuesto caballero  que vino a rescatarme cuando estaba perdida. Ya nunca más tendré miedo porque estaremos juntos donde nos lleven los vientos y nos marquen las constelaciones.

Pone dirección la Fantasma a puerto Esmeralda bajo Luna Azul sobre un mar de estrellas siguiendo la Polaris

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constelaciones
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