carta a mi Padre

de Alejandro Montero
a Alejandro Montero (14 junio 1949 – 30 mayo 2014)

Te escribo las palabras que no puedo decir por la boca. Palabras que siempre nos costó decirlas.

Llegamos a esta vida sin saber nada, desnudos. Avanzamos perdidos intentándonos apoyar en nuestro padre, quizás no fueras el padre que yo esperaba en muchos momentos, quizás no fui yo el hijo. Quizás te responsabilizaba de mis fracasos, quizás tu a mí de los tuyos. Sin darnos cuenta de que los dos aprendíamos con los errores. Solo eso, de esa manera los dos crecíamos.

Quizás competíamos sin comprenderlo por el diferente amor de la misma persona, mi madre tu esposa.
Quizás no compartirnos los momentos importantes que debimos, pero estuvimos juntos en muchos otros de aventuras y viajes increíbles a sitios maravillosos como las noches en la playa o las salidas al campo. De fiestas y celebraciones tan emotivas y sentidas, compartidas de una familia sobre todo unida que se ha querido y respeta con tanto cariño, y también con muchos otros de una familia mucho más grande y de tantos amigos que hemos compartido.

Te agradezco que me hayas dado la vida, el alimento, la educación. Si soy lo que soy y de ello estoy orgulloso, es en parte gracias a ti, con nuestros errores y nuestros aciertos. También te agradezco que a tu manera nos hayas querido a mí y a mis hermanos, y que hayas adorado y amado sobre todo en este mundo a mi madre, eso es lo que más admiro de ti, quizás porque yo no he sido capaz de encontrar a esa mujer que encontraste tú en ella.

Soy la copia parecida a ti, más perfecta que dejarás en este mundo. Soy tú en yo. No he sido padre, no creo que lo sea, y quizás mis palabras no tengan la perspectiva, ni la comprensión que deberían, pero aún así son sinceras.

También quiero que sepas que ha merecido la pena compartir contigo este viaje. Que me siento orgulloso de lo que hicimos, de lo mucho y de lo poco.
Y ahora, déjame que te diga lo que he aprendido por esos mundos dónde he estado.

Que todo es un ciclo, que todo acaba para empezar de nuevo allá donde vayamos en la próxima partida.

Pero así hayamos sido en esta vida, así será el salto a la siguiente. No te arrepientas ya de lo que hiciste, ni pidas perdón por ello, de seguro ya estás perdonado.

Solo piensa en los errores y equivocaciones y no las mires con rencor, ni rabia, ni vergüenza, pena o culpa, solo piensa como lo hubieras hecho mejor, para que la próxima vez puedas corregirlos y quedes liberado del dolor que te provocan.

Nos veremos en el siguiente salto, no sé que seremos, quizás vecin@s o amig@s, quizás como herman@s, sea pues y aunque no lo recordemos, sigámonos conociéndonos, respetándonos y queriéndonos.

No andes preocupado y marcha tranquilo cuando llegue el momento de la despedida que, así hasta aquí hemos llegado, con tu recuerdo seguiremos unidos hasta que también nos vaya llegando uno a uno el momento de partir y espéranos junto a muchos otros que también nos dejaron, a los abuelos, los tíos y primos.

Eso es lo que siento que me dice el Ser que lo piensa todo, en Él mi fe, mi amor y mi esperanza.

Música recomendada: https://www.youtube.com/watch?v=xwy7eNN9Hk4
Requiem aeternam – Descanso Eterno

Dales Señor, el eterno descanso, y que la luz perpétua los ilumine, Señor.
En Sión cantan dignamente tus alabanzas.
En Jerusalén te ofrecen sacrificios.
Escucha mis plegarias, Tú, hacia quien van todos los mortales.
Dales Señor, el eterno descanso, y que brille para ellos la luz perpétua.

monasterio de Samos

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