la fragata Fantasma V

relato corto de Alejandro Montero

Acecha el pirata al mercante, ya llevan varios días tanteándose en la distancia, jugando al ratón y al gato, buscando una equivocación del otro, aguardando una oportunidad, un golpe de viento, que le dé la delantera al perseguidor o de escapar al perseguido.

Las tripulaciones no tienen descanso, bordejean sin parar casi al unísono, en una macabra danza entre cazador y presa, se juegan la vida en ello.
Observa atento el capitán pirata los primeros rayos de sol que trae la mañana con viento suave de poniente, envuelto en ligera bruma, que les lleva de frente a una tormenta que se acerca por levante.
Quizás sea la oportunidad que andaba buscando el viejo lobo de mar, toma el mando del timón, cambia el rumbo abandonando la persecución, cogiendo redonda la popa, abriéndose a babor escondido en la bruma, buscando la borrasca para tomar la delantera.

-¡Aguantad! Todos listos, un poco más… ¡Ahora! Vamos caballeros todo a estribor.

Recoge la fragata los primeros soplos del cambio de viento que disipa la niebla y pone la nave dirección al mercante, escorado hacia estribor, crujen maderas y cabos, lanzándola como un halcón en picado hacia su presa.

Gritos desesperados llegan del mercante, cambia el rumbo en peso muerto sin viento, demasiado tarde.

-¡Cargad con encadenados las baterías! Apuntad a los palos y a la velas, no quiero ni un solo fallo.

-¡Todo listo capitán!
Avisan los artilleros.

-¡Fuego!
Grita el Capitán a medida que sobrepasa la fantasma al carguero. Uno a uno va descargando la línea de cañones, retumba en sonido ensordecedor, y el reventar de aparejos y palos que vuelan por los aires. Herido el mercante en la primara pasada, enarbola bandera blanca, levantando la tripulación los brazos con intención de rendir la nave.

Lanzan rezones los primeros piratas abordando al carguero, asegurando la posición antes del desembarco, dirigiendo a los rendidos hacia la proa.

-¡Tranquilos caballeros! tan solo le aligeraremos un poco de peso y luego nos iremos, si no hacen ninguna tontería no tienen nada que temer.
Advierte el capitán pirata, al tomar el control de la nave mercante.
-¡Dense prisa mis tiburones! Rebusquen entre la carga de la bodega, que puedo oler la plata.

Escondido entre la carga de fardos de azúcar de caña y balas de algodón, un par de cofres cargados con lingotes de oro y plata. El guardiamarina encuentra en el camarote del capitán un joyero, una pequeña daga y los vestidos de la matrona y algunos más pequeños que lo debieron ser de la princesa escapada, parece ser cierto lo que decía la señora.

-Yo nunca lo puse en duda muchacho, aquella una gran dama nunca miente. ¿Qué clase de caballero abandona a tan gentil persona, sin víveres ni agua, arrebatándole todas sus haberes?

Busca el capitán pirata a su homónimo del mercante.

-Elija arma, pistola o sable, rufián, que le reto a duelo a muerte, para restablecer el honor de mi amada, aunque solo lo fuera por una noche.

-Ambas.

-Eh muchacho arma a este… y cuenta hasta cinco que no creo haya otro en este barco que sepa contar tanto. Sonríen los piratas.

-Uno, dos, tres…

Se vuelve el capitán del carguero, disparando por la espalda al pirata, que su sombrero de tres picos vuela por cubierta, sable en mano se lanza contra su oponente.

A la de cinco se vuelve el pirata, clavando la pistola en la frente del desventurado, aprieta el gatillo.

-Nos veremos en el infierno, saluda al diablo de mi parte. Vamos caballeros, volvamos a nuestro barco, que ya terminamos lo que vinimos a hacer en éste.

Entrega  el guardiamarina en el camarote al capitán, el joyero y los vestidos de la dama y la princesa de Oriente.
-Capitán esta daga es pequeña para un pirata, quizás pudiera servirle al vigía.

-¡Ummmm! Está bien templada y las incrustaciones son de gran valor. Seguro perteneció a noble señor, y me darán por ella un alto precio en cualquier puerto. ¡Va! Está bien, dásela a ese mocoso. Quizás algún día le salve la vida.

Busca el guardiamarina al niño en lo alto del palo mayor.
-Toma, es un regalo del capitán, perteneció a una princesa de Oriente, seguro te será de utilidad.

Agradece  el pequeño el presente con un abrazo entre lágrimas, aterrado por la andana de los cañones.

Desde el puente sonríe el capitán, observando de reojo a los jóvenes. Grita a la tripulación.
-Vamos caballeros, démonos prisa que se aproxima una tormenta y más nos vale alejarnos lo antes posible de ella, que tiene pinta de ser mal amante.

Marcha la fragata Fantasma en busca de nuevos lances que ensalce su nombre por aquellos mares

Música recomendada: https://www.youtube.com/watch?v=3019Mz9WxvE
David Garrett – Summer verano (Vivaldi)

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