I las Nereidas de Samos

Relato corto de Alejandro Montero
Dedicado a monjes de Samos 16-02-2013

En el claustro pequeño del monasterio benedictino de Samos, escoltadas por un ciprés y una palmera, rodeada de rosas y flores, pusieron en el éxtasis del barroco una fuente con unas nereidas, que por sus labios soplan agua de un pozo de las montañas.

Dicen los monjes mayores que, al tiempo de ponerla los superiores de la Curia pensaron eran lascivas y decidieron que había que retirarlas.

Cargaron los monjes con gran esfuerzo la fuente y la montaron en un carro. Pero fue imposible, no había manera de llevarlas, no se movían los bueyes por mucho que les empujaran.

Dicen que, las nereidas no querían marchar de la tranquilidad de aquel claustro, de los rallos del sol de medio día; que disfrutan de las historias de santos que les cuenta el ciprés, y las de la palmera, de tierras más cálidas.

Así me lo susurraron aquellas sirenas de piedra en medio de las montañas, lejos del mar, mientras daba pan a los peces de colores y jugaba con las ranas

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