la Fragata Fantasma IV

Relato corte de Alejandro Montero

Salta en acrobacias el guardiamarina sobre la percha del mastelero mayor, haciendo malabares con unas bolas, al ritmo del violín.
El chico se hizo una cabaña con maderas y lonas sobre la cofa del vigía y de ahí baja en escasas ocasiones, permanece siempre con la mirada perdida, atento al horizonte, noche y día.

Apunta el capitán con su pistola larga, aprieta el gatillo, la explosión desatina las notas del violín, cae el guardimarinas entre las gavias enredado con brazas y cabos. Queda suspendido, atado e inmóvil, su cara frente al capitán, de su ceja abundante sangre. El capitán la mira sorprendido.
-¡Vaya! Herré el tiro, tuviste suerte muchacho apunté al ojo y solo te ha rozado. La próxima vez que te vea holgazaneando en mi barco no fallaré el disparo.

Sonríe a carcajadas.

-¡Un pequeño bote con vela a estribor capitán! parece hay dos personas a bordo.
Avisa el joven vigía.

-¿Un bote? Pero se puede saber qué hacen esos locos en mitad de este océano…

Rescatan a los náufragos, que media docena de hombres y una grúa son necesarios para subir al barco a la dama de alta alcurnia con cara de ángel, enorme como un tonel de vino, acompañada de un sirviente, pequeño y enjuto como una vara.

-A sus pies mi hermosa dama, sea bienvenida a mi barco, siéntase como en su casa…
Extrema sus modales el capitán, haciendo pomposas reverencias, besando la mano de la recien llegada, mirándola de reojo,  contrariado al no entender palabra alguna de la extraña dama.

-Dice que, agradece el rescate de tan amable y apuesto capitán.
Traduce el guardiamarina, bocabajo y con la cara ensangrentada.

-¿Pero cómo…?

-Es un dialecto de los reinos de Oriente, no es que lo domine bien, pero algo chapurreo.

Silva el sable del capitán al cortar las amarras, tan solo un destello antes de envainar de nuevo. Rueda el guardiamarina por la cubierta
-Acompaña a la dama a mi camarote y espera a que vaya. Y el resto que continúe con sus quehaceres se acabó el descanso.

Venda la dama la herida con un trozo de enagua, mientras esperan la llegada del capitán que ya viene por cubierta, emperifollado como un almirante, entre sedas, plumas y medallas.
Nadie de la tripulación se atreve siquiera a pestañear, más les vale.

Sirve el muchacho suculentos platos que traen de la cocina, respetando la etiqueta para tan importante velada, mientras traduce a duras penas la conversación de los dos comensales.

Poco a poco van sacando algunas conclusiones: que es la matrona de una princesa de Oriente, que escapó cuando fue enviada para ser desposada con el hijo del emperador de Occidente, y ahora la anda buscando por estos lares. Que embarco en un carguero pagando peaje, pero la abandonaron a su suerte en la barcaza sin agua ni provisiones, después de robarle todo…

-No te guardes ningún secreto, bribón, mira que cuento las palabras, y abandona el camarote cuando termine la cena, que de lo que tenemos que hablar en adelante no hace falta traductor, nos bastamos solos. ¡Ah! y dile al mocoso que toque las más románticas melodías que conozca.
Despide el capitán al muchacho, mientras hace carantoñas y guiños a su invitada, colocándole sobre su hermoso cuello un collar de zafiros y esmeraldas.

Suenan las notas del violín hasta el alba, en compás de las olas que golpeán sobre el casco en aquella noche mágica.
Despiertan las voces del capitán con los primeros rayos de la mañana

-¡Eh loro parlanchín! Acompaña a la dama y a su séquito a su nave, cárgala de suministros y agua, pero no te pases vaya a ir a pique con tanto peso, que ya lleva provisiones en ella para un mes. Dale una brújula que esté en buen estado, márcales rumbo al sur, siempre al sur, y encontrarán puerto en menos de una semana.

Descargan a la invitada en un balancín desde una grúa. A lo lejos, hacia el sur la vela se pierde en el horizonte.

-¡Izad todas las velas tiburones! y pongamos rumbo a estribor, busquemos a ese carguero que, he de enseñarle modales a ese insensible capitán y ya de paso le aligeraremos de peso, que repleto de tesoros ha de ir para abandonar tan preciosa carga.

Cambia la fragata Fantasma su rumbo en persecución de una nueva presa y de singulares aventuras surcando océanos y mares.

Música recomendada: https://www.youtube.com/watch?v=OrSyGOwzqvk
Danubio Azul – Johann Strasuss


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