la Fragata Fantasma III

Relato corto de Alejandro Montero

Revolotea el guardiamarina de taberna en posada en aquel puerto pirata, encandilado por luces de farolillos de colores, embriagado de perfumes, inciensos, licores y el canto de sirenas.
Resuenan desde el muelle campanas de la Fantasma. A voces llama el Capitán a sus tiburones, que está próxima la marea alta.
Corre el joven marino, escapando de lazos de las más bellas damas que entre sedas le atrapan, no puede perder su barco, nada le ata a la tierra.

Vuela el joven albatros entre la tripulación que va subiendo sobre cubierta, listos para pasar revista, algunos sin nada encima. En el puente de mando les aguarda el capitán pirata
-Bienvenidos caballeros, me alegro volver a verles, espero hayan disfrutado, como es debido, de su merecido descanso. Veo que algunos han perdido hasta los calzones, bajen luego al economato y adecéntense un poco, no es agradable ver espectáculo tan espantoso.
Sonríe a carcajadas el capitán mientras revisa a sus hombres.

El guardiamarina mira de reojo la línea de flotación del barco, ligero va, descargado de peso. Se pierde entre cábalas, “cómo pudo… si el barco no soltó amarras en tres días con sus noches, si no descargó carro alguno, cómo pudo el viejo truhán haberse quitado los tesoros…”. Las voces del capitán le alertan al llegar a su lado
-¡Eh muchacho! ¿Es qué acaso se quedó en los besos de alguna sirena, o tiene algo que contarnos…?
Echa la mano a la espada con cara de malos amigos.

-No señor, solo que he dormido poco y ando algo atontado.

-Más te vale loro parlanchín, y no pienses tanto, eso mejor déjamelo a mí que, por algo soy el capitán de este barco.
Y ahora, caballeros rompan filas y vayan cada uno a sus puestos, partimos cuando despunte la luna, nos espera un largo viaje.
Y usted, listillo, hágase cargo de los nuevos reclutas.
Señala a un puñado de viejos lobos de mar. Entre ellos, un niño escondido en ropajes se estira orgulloso.

-Asígnales alguna tarea, colócalos allá donde sean necesarios. Y a ese mocoso, si no encuentras nada, mejor lo tiras por la borda.
Sonríen a carcajadas al unísono capitán y marinería. El niño se achanta.

-¡Señor, sí señor! Acompáñenme caballeros veamos que les enseñó la vida y de que pueden ser útiles en esta chalana.

Sueltan cabos y amarras de la Fantasma, ya marcha siguiendo la estela que marca la luna.
El capitán se encierra en su camarote con algunos de los oficiales, seguro anda rumiando alguna bravata estrafalaria.

Se dirige el guardiamarina con los nuevos hacia el palo mayor, mira de reojo al chico remangándose, preocupado al verlo tan débil.
-¡Señores! Es una tradición en esta nave, que el último en subir y en bajar a lo alto del mastelero de juanete mayor sea tirado por la borda. El que me traiga la bandera que ondea allá en lo alto podrá elegir tarea.

Les pilla por sorpresa a los viejos lobos de mar la propuesta. Mientras, el pequeño ya había salido nada más escuchar la palabra “mastelero”, trepa como un monillo entre las cuerdas, recoge la bandera, escurriéndose entre los veteranos, enzarzados éstos en empujones y patadas, entrega el trofeo.

Esperan que baje el resto.
-¡Caballero!- Señala al desafortunado que cayó de lo alto, rompiéndose las piernas. Ha sido un placer contar con su presencia en este navío de guerra, pero… lamentándolo mucho, hemos de continuar con la tradición.
Hagan el favor el resto, de tirar a este señor por la borda, sus servicios ya no son necesarios.

Asigna el guardiamarina los trabajos a los reclutas, dejando al chico para el último.
-Dime chaval, ¿qué trabajo prefieres? elige cualquiera menos el de capitán, no creo que al viejo le haga gracia, tiene malas pulgas en esa barba. Te aconsejo que te mantengas lejos de él si quieres seguir con vida en este barco, y cuando lleguemos al próximo puerto será mejor que te licencies y busques otro oficio, éste no es para niños.

Sale Sol sereno por levante. Golpea el guardiamarina la puerta del camarote del capitán -¡Señor…!

Arranca la puerta el capitán, el sable en una mano y la pistola en la otra, le siguen sus oficiales alertados por las voces de los marineros.
-¿Pero qué diablos es esto?, ¿qué está pasando en mi barco?
Se lanza contra el puente mando. Perplejo y mudo al ver a la tripulación cantando y en lo alto del palo mayor, al chico tocando un violín.

Lanza carcajadas el capitán, acompasadas con el canto de la tripulación.
-¡Diantres! Por un momento pensé que había un motín. Muchacho saca un barril de ron y repártelo entre mis hombres, a ver si así afinan la voz.

Se adentra la fragata Fantasma en el océano de aquella soleada mañana.
Roto el silencio de una mar solitaria por el canto de unos marinos y la melodía de un violín.

Música recomendada: https://www.youtube.com/watch?v=xCVea05GFHU
Brian Crain – Wind (viento)

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